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24/04/2015 16:30

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la inauguración del Seminario sobre Justicia Transicional y la Corte Interamericana de Derechos Humanos

Cartagena de Indias, 24 de abril de 2015

Antes que nada quiero agradecer y destacar que un organismo de la importancia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos –que hoy preside nuestro compatriota, el magistrado Humberto Sierra– haya celebrado su periodo extraordinario de sesiones número 52 en este país.

Esta es la cuarta oportunidad en que la Corte delibera en Colombia, en su condición de máximo intérprete en materia de derechos humanos en el hemisferio.

Estoy seguro de que las sesiones que culminaron ayer constituyen un aporte muy importante al sistema de derechos humanos, y serán una valiosa herramienta adicional para la comunidad académica que, tengo entendido, las siguió con muchísima atención. 

Celebro también que, aprovechando este periodo de sesiones en Cartagena, se haya convocado este seminario que estamos iniciando sobre justicia transicional, un tema de esencial importancia para el futuro de nuestro país.

Como siempre lo hemos manifestado, el Gobierno colombiano se precia, se enorgullece de cumplir sus compromisos internacionales, en particular los que surgen de la Convención Americana sobre Derechos Humanos.

El Sistema Interamericano de Derechos Humanos es más cercano a nuestra realidad y por tanto debe ser más sensible frente a los retos y a las oportunidades que se plantean en los países de la región precisamente para prevenir nuevas violaciones de los derechos humanos.

Porque, así como hay un deber de investigar, juzgar y sancionar violaciones ocurridas en el pasado, también es fundamental tomar acciones para que situaciones que fomenten dicha violación –como es el conflicto interno armado que sufrimos en Colombia, toda guerra es una fábrica de víctimas y de violación de los derechos humanos–, que esos fenómenos terminen definitivamente.

En nuestro caso, la paz debe ser concebida como un reto y como una oportunidad para que nuestra sociedad, la sociedad colombiana, pueda vivir sin ese dolor de la muerte, el dolor del desarraigo.

Colombia ha puesto en el centro de la construcción de esta paz a las víctimas. Las víctimas son el corazón, el centro de la solución de este conflicto.

Por eso, no solo hemos adelantado un programa sin precedentes, no hay precedentes en el mundo, para lograr una reparación integral y transformadora, sino que además, en los diálogos de paz, las víctimas constituyen el punto neurálgico, en ese punto que en este momento se está discutiendo en La Habana.

Pero no nos hemos quedado quietos esperando a culminar el proceso de paz. Este es otro fenómeno sui géneris en el mundo. El Gobierno –reconociendo el derecho de las víctimas a la verdad, a la justicia, a la reparación, a la no repetición– ya ha reparado, señores jueces, señores magistrados, este mes de abril completamos medio millón de víctimas: 500 mil víctimas reparadas.

Aparte de eso, ayer lo revisábamos, cerca de 100 mil hectáreas se han regresado a sus legítimos dueños, beneficiando a unas 3 mil familias.

Las medidas de justicia transicional son fundamentales en este empeño, porque serán las que nos van a permitir consolidar ese tránsito de una sociedad en conflicto a una sociedad en paz.

Nuestra apuesta –así lo he dicho muchas veces y lo quiero repetir hoy– es alcanzar el máximo de justicia que nos permita la paz. Así de sencillo, pero así de claro. El máximo de justicia que nos permita la paz.

Colombia lleva más de 50 años en guerra. En este auditorio muy poca gente puede decir que ha vivido un solo día de paz en este país. Ha sido un conflicto armado caracterizado por su complejidad: de sus actores, la masividad de sus víctimas, la ferocidad de sus victimarios, la crueldad con que se ha desarrollado este conflicto armado.

Todos estos años nos han dejado aproximadamente 220 mil, 230 mil, 250 mil muertos, cerca de 5 millones o más de desplazados, 25 mil personas siguen totalmente desaparecidas. Sus familias angustiadas. Lo único que quieren saber es dónde están sus seres queridos. Más de 2 mil, 2.500 secuestrados.

La gran mayoría de las graves violaciones a los derechos humanos e infracciones al DIH que ha documentado históricamente la Corte Interamericana de Derechos Humanos han sido causadas precisamente por este conflicto armado.

Hoy Colombia se encuentra ante una oportunidad única, la mejor oportunidad, tal vez la última de ponerle fin a ese conflicto. Y nada contribuiría más a la protección de nuestros derechos humanos aquí en este país, que lograr este objetivo. Ustedes lo deben entender así, por lo que decía al principio: si hay algo que sea violador de los derechos humanos es una guerra, es un conflicto armado.

Por eso diseñamos y venimos adelantando un proceso metódico, serio, responsable, en la medida de lo posible discreto, para llegar a la paz. Un proceso que tiene como centro de gravedad la idea de terminar el conflicto armado para poder pasar a una fase superior de construcción de la paz.

Se trata de cerrar definitivamente el conflicto armado, para poder –entre otras cosas– hacer frente al legado de graves violaciones a los derechos humanos e infracciones al DIH que este conflicto nos ha dejado durante todo este tiempo.

Colombia ha sido pionera en la implementación de medidas de justicia transicional en medio del conflicto, porque nosotros comenzamos a reparar a las víctimas, comenzamos a devolverles tierras a los campesinos en medio del conflicto. Esto no lo ha hecho ningún país en la historia. Pero precisamente por eso sabemos que la satisfacción real y plena de los derechos de las víctimas sólo se podrá dar cuando cese en conflicto. De otra forma es como seguir tratando de contener el agua con el grifo abierto.

En los últimos años, hemos venido construyendo y aplicando distintas herramientas de justicia transicional. Sin embargo, resulta innegable que la aplicación de estas herramientas enfrenta aún enormes retos. Porque estamos en cierta forma también haciendo camino al andar, tenemos que ser creativos, tenemos que buscar las mejores formas, los mejores caminos.

Nuestro mayor desafío, entonces, es construir una estrategia integral de justicia transicional que nos permita lograr al mismo tiempo la terminación del conflicto y la máxima satisfacción posible de los derechos de las víctimas.

La finalidad de esta estrategia integral de justicia transicional, más allá del resultado específico de una u otra medida, es en el fondo el fortalecimiento de nuestro Estado de Derecho.

La investigación y sanción de los máximos responsables de crímenes internacionales, la creación de comisiones de la verdad y la reparación integral administrativa de las víctimas, son instrumentos de justicia transicional, entre muchos otros.

¿Pero cómo medimos su efecto en la sociedad?

Eso no se mide tanto por el número de responsables condenados, o de informes de la verdad publicados o de número de víctimas reparadas. Yo digo muchas veces, doctor Humberto, que la reparación de una víctima, por ejemplo, monetaria, eso tiene que ser un acto simbólico.

¿Cuánto vale una hija? ¿Cuánto vale un padre? ¿Cuánto vale una familia desaparecida, para esa víctima? Es irreparable. Por eso muchas veces las víctimas lo único que quieren es reconocimiento, una cosa simbólica, y de eso se trata la reparación en el fondo. 

Pero lo que es importante es eso: el reconocimiento colectivo de que sí hubo gravísimas violaciones a los derechos humanos durante el conflicto armado. Y la ratificación de que esos hechos condenables no se pueden volver a repetir.

Y claro está que, para ser sostenible, esta estrategia tiene que ser compatible, por un lado, con el ordenamiento jurídico nacional y el ordenamiento jurídico internacional. Lo que decía el señor Presidente de la Corte hace unos momentos: el mundo se ha globalizado, hoy es un mundo diferente, hoy es un mundo interdependiente. Eso lo tenemos que entender todos para poder obrar en buena forma.  

La situación de Colombia es hoy muy particular, pues nos encontramos ante un conflicto armado interno, el único del hemisferio, el más viejo del hemisferio, y ante la posibilidad de terminarlo a través de una negociación política.

Esto no hace que las violaciones a los derechos humanos sean menos graves, pero sí implica que sea necesario poner en práctica un conjunto de medidas distintas a aquellas propias de un contexto de “normalidad”, o incluso a aquellas aplicables a un contexto de transición de una dictadura a la democracia. Esto es muy importante para tener en cuenta.

A la luz de las obligaciones que se derivan de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, Colombia tiene, tenemos todos, yo lo tengo como Presidente de la República, la obligación internacional de prevenir, investigar y reparar las violaciones a los derechos humanos que ocurran dentro de nuestro país, dentro de nuestras jurisdicciones respectivas.

Aun así, también a la luz de la jurisprudencia interamericana, el Estado colombiano, el Presidente de la República, todos los funcionarios, están obligados a garantizar la no repetición de las violaciones de derechos humanos; esclarecer la verdad de los hechos ocurridos –en el entendido de que el derecho a la verdad es un derecho no sólo individual sino que le pertenece a la sociedad en su conjunto–. Tenemos garantizar la seguridad y mantener el orden público, y propender por la reconciliación.

El cumplimiento de estas obligaciones en contextos de transición del conflicto armado a la paz, por supuesto resulta especialmente difícil, especialmente complejo. ¿Cómo hace uno compatible el resto con lo otro?

Sin embargo, la estrategia integral de justicia transicional que queremos implementar busca garantizar todas estas obligaciones en su conjunto. Conscientes de su complejidad, pero tan bien conscientes de su importancia. 

Esto es precisamente lo que ha establecido recientemente la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de las masacres de El Mozote y lugares aledaños, de El Salvador.

Ese caso tomó en especial consideración la diferencia entre las transiciones de una dictadura a la democracia frente a los casos de transiciones del conflicto armado a la paz, y valoró en particular la investigación, juzgamiento y sanción de los crímenes internacionales.

En este sentido, la estrategia integral de justicia transicional que buscamos desarrollar, está diseñada justamente para cumplir de manera integral con las obligaciones internacionales vigentes, dentro de un contexto particular de transición de un conflicto armado hacia una paz estable y duradera. Eso es complejo pero hay que lograrlo.

Antes que desconocer nuestras obligaciones internacionales, la estrategia nos permite potenciarlas al máximo posible, dentro de un contexto de justicia transicional.

Nada de esto puede confundirse con impunidad porque la justicia transicional, por encima de todo, es justicia. Eso no podemos olvidarlo. La justicia transicional es justicia.  O sea que puede haber impunidad cuando se aplica la justicia transicional.

Nuestro mensaje en la mesa de conversaciones allá en La Habana ha sido contundente: no puede haber paz con impunidad. Y la paz debe estar cimentada en el reconocimiento de los derechos de las víctimas.

Por eso precisamente, en un paso audaz, llevamos a representantes de las propias víctimas a hablar. Si van a ser sus derechos, el respeto por sus derechos, parte fundamental de la solución, qué más lógico que las propias víctimas expresen cómo quisieran ellas que se le reconocieran sus derechos. Por eso dimos ese paso. Creo que ese paso resulto muy positivo, muy constructivo, muy inspirador.  

La paz y la reconciliación nacional son valores supremos que reclaman todos los colombianos. Yo no creo realmente que pueda haber un colombiano que esté en contra de la paz y deben sopesarse con la exigencia –también de un altísimo valor– de la satisfacción de los derechos de las víctimas.

La paz no es solo terminar el conflicto armado que aqueja hace tantos años a nuestro país. Alcanzar la paz es lograr que en Colombia no haya más víctimas, cerrar las heridas, curar esas heridas que se han venido abriendo durante tantos años en nuestra sociedad, tratar de reparar a quien haya resultado afectado.

La reconciliación tan necesaria exige recordar, exige hacer memoria, exige confrontar realidades y verdades. Eso es difícil, muy difícil, porque será necesario aceptar el horror de la guerra y de la violencia, pero es un paso necesario para garantizar la no repetición de tales hechos.

Hemos recibido con agrado las diferentes expresiones de apoyo al proceso de paz de parte de los mandatarios prácticamente del mundo entero.