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09/12/2015 12:55

Palabras del Presidente Juan Manuel Santos en la presentación del 'Informe Nacional de Derechos Humanos 2015' y lanzamiento del 'Plan Nacional de Acción sobre Derechos Humanos y Empresas'

Bogotá D.C., 9 de diciembre de 2015

Permítanme recordar el origen de la Declaración Universal de los Derechos Humanos –adoptada por la ONU hace 67 años, y razón por la cual celebramos mañana el Día Internacional de los Derechos Humanos–.

Fue en su momento un grito melancólico, un vehemente llamado a la cordura, luego de la más impactante y dolorosa tragedia humana provocada por el mismo hombre: la barbarie de la Segunda Guerra Mundial.

De hecho, en el preámbulo, esta Declaración Universal de los Derechos Humanos advierte lo siguiente…

“(…) el desconocimiento y el menosprecio de los derechos humanos han originado actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad”.

Esta Declaración es producto del dolor, sí… pero también es una expresión de hermandad –de humanidad–… un sentimiento que nos lleva a cuidar del prójimo y a compadecernos por el sufrimiento de los demás.

Vean esta otra línea –la primera– de la Declaración Universal de los Derechos Humanos:

“(…) La libertad, la justicia Y LA PAZ tienen por base el reconocimiento de la dignidad intrínseca y de los derechos iguales e inalienables de todos los miembros de la FAMILIA HUMANA”.

Hoy, cuando la paz en Colombia está más cerca que nunca –y cuando en nuestras manos está la posibilidad, y la responsabilidad, de cambiar para siempre la historia del país–, celebrar este día resulta más que pertinente.

Nos acercamos –como nunca antes– hacia el silencio de los fusiles y avanzamos cada vez más hacia la reconciliación entre colombianos –entre hijos de una misma nación–.

Y en ese camino debemos siempre recordar a las víctimas del conflicto, a aquellas a las que de tantas formas les han violado sus derechos humanos.

Por su dolor, por lo que han sufrido, por los horrores que han conocido, debemos persistir en esta búsqueda de la paz y evitar –sobre todo– que nuevas víctimas sufran las atrocidades de la guerra.

Alcanzar una Colombia en paz será la mejor garantía de un respeto básico de los derechos humanos, no hay nada más que y a la vez permitirá encausar mejor nuestros esfuerzos para velar por la máxima realización de todos los derechos.

Afortunadamente, en este día tan significativo podemos destacar varios avances –que están todos incluidos en el Informe Anual que acaba de presentar el consejero Guillermo Rivera–.

Quiero en todo caso hacer énfasis en varios de esos resultados, a la luz de algunos de los derechos humanos consagrados en la Declaración Universal de la ONU.

Por un lado están los derechos a la vida, la libertad y la seguridad.

Las cifras las contaron ya con más de detalle, pero quiero resaltar que hoy –sin duda– somos un país más seguro –y, por lo tanto, más respetuoso de los derechos humanos–.

Tenemos la tasa de homicidios más baja en casi 40 años; hemos disminuido el desplazamiento en casi 80 por ciento en los últimos cinco años; e igualmente hemos reducido en casi la mitad los secuestros, y el reclutamiento de menores en más de un 90 por ciento.

Todos estos son indicadores de un país que cada día se resigna menos a convivir con los horrores de la violencia.

Por supuesto: un solo homicidio es demasiado; un solo secuestro es demasiado. Por eso seguimos trabajando –sin descanso– brindando seguridad en todo el territorio y construyendo la paz.

Vamos en la dirección correcta: tanto así que estos últimos cuatro meses han sido los menos violentos en 40 años, y eso sin haber firmado todavía un acuerdo definitivo –con la sola vocación de diálogo que nos ha llevado hasta un punto de no retorno en las negociaciones con las FARC–.

Este avance se encuentra, además, relacionado con los derechos políticos.

Las últimas elecciones regionales –hace poco más de un mes– fueron las más pacíficas en décadas, lo que permitió el pleno ejercicio de los derechos políticos de todos, tanto de quienes salieron a votar de manera libre y tranquila, como de miles de candidatos que hicieron campaña en condiciones de normalidad, sin que las amenazas limitaran su participación.

De otra parte están los llamados derechos económicos, sociales, culturales y ambientales.

En la tarea de profundizar el desarrollo de estos derechos vamos a obtener aún más y mejores resultados si acabamos la guerra,

Vengo de un evento organizado por planeación nacional organizado por el doctor Pardo, los dividendos de la paz son muchísimos en muchos frentes pero talvez uno de los más importantes es que se acaba esa fábrica de víctimas y esa fuente de violación de los derechos que es la guerra.

Y podremos concentras más esfuerzos y más recursos para garantizar el pleno goce de los derechos de los colombianos porque podremos concentrar más esfuerzos y más recursos para garantizar su pleno goce.

Aun así, hemos avanzado de manera importante en los últimos cinco años en este tipo de derechos.

Tan solo en materia de equidad, 4 millones y medio de colombianos han superado la pobreza, y otros 2 millones y medio han salido de la pobreza extrema.

Imaginen lo que eso significa en materia de derechos humanos –de condiciones de vida digna– para cientos de miles de familias que han mejorado sus ingresos, que ahora tienen acceso a salud y a la educación, que tiene un sitio donde vivir digno, duermen en hogares más dignos.

Son 5 millones de colombianos los que por primera vez tienen acceso a agua potable –y 5.2 millones los que tiene por primera vez acceso a alcantarillado–.

A 100 mil familias, las más pobres de las pobres, las beneficiamos con vivienda gratis.

Y prácticamente hemos alcanzado la cobertura universal en salud equiparando los pacientes de segunda clase con los pacientes de primera clase, el subsidiado con el régimen contributivo.

La creación de empleo –y de empleo formal–, por su parte, ha significado nuevas oportunidades para cerca de más de 4 millones de compatriotas.

¡Eso –y muchos más logros del último quinquenio– es trabajar por los derechos humanos de las familias colombianas!

También lo he dicho muchas veces un Jefe de Estado en cualquier país del mundo que no tenga un plan de desarrollo o un plan de gobierno se meten con decir no a hacer respetar los derechos humanos fundamentales, ahí está un buen plan de desarrollo.    

Y hemos hecho especial énfasis aquí en Colombia en nuestros niños y jóvenes.

Por eso garantizamos la educación totalmente gratis desde el grado cero al grado 11, les garantizamos educación en colegios oficiales para que ningún niño se quede sin educación.

Además, hemos generado nuevas alternativas de acceso a la educación superior, no solo con créditos sino con becas completas –a través del programa “Ser Pilo Paga”– que ojala pudiésemos ampliar más, para más de 20 mil de nuestros más brillantes estudiantes pero que nunca habían podido acceder a las mejores universidades por falta de recursos.

Y pensamos también en algo muy importante que todo gobierno debe pensar es en los derechos de las generaciones venideras, por ejemplo, implementando medidas de preservación del medio ambiente: desde la incorporación de más de 4 millones de nuevas hectáreas al Sistema Nacional de Áreas Protegidas –que esperamos lleguen a 7 millones al concluir el gobierno–, hasta el compromiso que acabamos de hacer en París, en la Cumbre de Cambio Climático, de reducir en 20 por ciento nuestras emisiones de gases de efecto invernadero.

Todo eso son acciones que preservan los derechos de las generaciones venideras. 

Todos estos avances han permitido que la comunidad internacional –los embajadores aquí presentes son testigos- nos vea con otros ojos, y así lo reconocen diferentes organizaciones en sus informes periódicos:

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos NO volvió a incluir a Colombia en su “lista negra”.

El más reciente informe de la ONU ha destacado nuestros esfuerzos, especialmente en la búsqueda de la paz y en nuestra determinación para hacer efectivos los derechos de las víctimas a la verdad, a la justicia y a la reparación –asunto en el que también hemos avanzado de manera significativa, y también la no repetición, en materia de reparación de más de medio millón de víctimas del conflicto– aquí hubo un estudio de la Universidad de Harvard que vino a hacer un análisis y dijo mire este estudio nunca se ha hecho en el mundo que hayan reparado tantas víctimas. 

De otra parte, fuimos certificados en derechos humanos por Estados Unidos, y el informe anual de este mismo país resaltó la voluntad de nuestras instituciones para juzgar a los responsables de violaciones a los derechos humanos.

Y ahí tenemos que hacer un esfuerzo mayor, soy el primero en reconocerlo y estamos empujando para que así sea.

Estos no son solo reconocimientos. Son el reflejo del compromiso del Estado colombiano con sus obligaciones –locales, nacionales y obligaciones que hemos adquirido a nivel internacional–.

Sin ir muy lejos, hace un mes –en mi calidad de Presidente– cumplí con una de las medidas de reparación que ordenó la Corte Interamericana de Derechos Humanos –por los hechos del Palacio de Justicia hace 30 años–, en un acto en el que se reconoció la responsabilidad que cabía al Estado y pedí perdón, en su nombre, a las víctimas y sus familiares.

Pero no solo el Estado debe reconocer y debe reparar

Yo valoro –como un hito necesario en la ruta de la paz– el gesto de las FARC cuando el pasado domingo, en Bojayá, reconocieron, a través de un miembro de su Secretariado, su parte de responsabilidad en la tragedia de hace 13 años, y pidieron perdón.

Incluso quiero recordar las palabras de Pastor Alape porque marcan un hito en la historia de nuestro conflicto y un avance en el reconocimiento de los derechos de las víctimas.

Dijo Alape, frente a la comunidad de Bojayá:

“Venimos impulsados por el compromiso con la verdad, reconociendo el daño causado y la intención de seguir avanzando por el camino del diálogo para resarcir con acciones reparadoras y reafirmar nuestro compromiso de no repetición”.

Algo bueno está pasando en Colombia, cuando el Estado, y al mismo tiempo un grupo armado ilegal como las FARC, dan pasos certeros –como los mencionados– hacia la reconciliación y la plena realización de los derechos de las víctimas.

Esto lo registra el mundo con positivo asombro. Y genera consecuencias concretas

La reciente decisión de la Unión Europea de eliminar el requisito de visa –que empezó a aplicar la semana pasada– es también un reconocimiento a una Colombia más confiable y civilizada, en la que cada vez más compatriotas gozan de aquellos derechos que nos pertenecen a todos los miembros de esa “familia humana” –como la llamó la ONU–.

Ahora bien, velar por los derechos humanos no solo debe ser una obligación del Estado, sino que tienen que ser un compromiso de toda la sociedad, y en ese contexto es fundamental la participación de las empresas –y de los empresarios–.

El sector privado es absolutamente necesario, no solo como parte de nuestra sociedad, sino como actor protagónico –con liderazgo y capacidad de influencia–, particularmente en aquellas comunidades en donde hace presencia.

Por eso lanzamos hoy el Plan Nacional de Acción sobre Derechos Humanos Y Empresas.

Se trata de una iniciativa con la que buscamos generar herramientas útiles y pertinentes para que las empresas respeten los derechos humanos –y velen por ellos–, y la sociedad civil, a su turno, tenga mecanismos que le permitan proteger esos mismos derechos o –en su defecto– remediar posibles daños causados por actividades empresariales.

Este Plan –liderado por la Presidencia, a través de la Consejería para los Derechos Humanos– responde a nuestro compromiso con los llamados “Principios Rectores” –establecidos por la ONU– sobre empresas y derechos humanos.

Así nos convertimos en el único país NO europeo que ya cuenta con este Plan, y a la vez reafirmamos nuestro liderazgo en la materia.

Ya nos habíamos destacado por organizar el “Primer Foro Regional –de Latinoamérica y el Caribe– sobre Empresa y Derechos Humanos”, y por haber formulado los “Lineamientos de Política Pública” en el mismo tema, publicados el año pasado en el marco de la “Estrategia de Derechos Humanos 2014 - 2034”.

Este Plan Nacional de Acción es ¬–además– resultado de un diálogo constructivo entre el Estado, las empresas, organizaciones de la sociedad civil y representantes de la comunidad internacional.

Así se construyen mejores políticas públicas. Igualmente, aquí estamos teniendo en cuenta la recomendación de la ONU de elaborar el Plan de acuerdo al contexto y a las particularidades de nuestro país.

Esta no es más que otra demostración del compromiso inexorable del Estado colombiano con el respeto, garantía y promoción de los derechos humanos.

Observamos las tendencias mundiales, asumimos nuestras obligaciones internacionales, y buscamos adaptar cada experiencia positiva a nuestro contexto, un contexto que está cambiando positivamente, en favor de los derechos humanos.

En un país que hay que reconocerlo fue campeón de la violación de esos derechos humanos.

Y cambiará aún más –mucho más–con el concurso de ustedes, empresarios, que tienen en sus manos y en su emprendimiento la llave del progreso y el empleo del país.

¡Y muchísimo más si, entre todos, dejamos atrás medio siglo de conflicto!

Porque solo unidos podemos alcanzar ese goce pleno de derechos que merece cada uno de nuestros compatriotas de nuestros ciudadanos.

Los invito–por eso– a que sigamos de nuestras diferentes posiciones desde nuestras diferentes responsabilidades a que sigamos construyendo este nuevo país que ya lo estamos viendo, ya lo estamos imaginando en forma concreta, un país en paz, con más equidad y mejor educado.

Un país que diga con orgullo: ¡EN COLOMBIA RESPETAMOS LOS DERECHOS HUMANOS!

Muchas gracias.