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09/09/2015 13:00

Declaración del Presidente Juan Manuel Santos en el Día Nacional de los Derechos Humanos y sobre situación con Venezuela

Bogotá D.C., 9 de septiembre de 2015 - SIG

Hoy, en el Día Nacional de los Derechos Humanos. Ese día se estableció mediante una ley para conmemorar a San Pedro Claver, que fue quien luchó tanto por los esclavos.

Y por eso hoy hemos hecho un esfuerzo para   reiterar nuestra firme decisión de respetar los derechos humanos de los colombianos y de hacerlos respetar.

Y aprovechando que hoy es el Día de los Derechos Humanos, acabamos de hacer una rendición por parte de la Consejería para los Derechos Humanos que ahora pertenece directamente a la Presidencia de la República. Esa Consejería está en manos del doctor Guillermo Rivera.

Esta rendición de cuentas la hicimos en presencia y con la participación de Naciones Unidas a través de su representante residente en Colombia, Fabrizio Hochschild, y también de la Representante de la Oficina de la Alta Comisionada de Derechos Humanos aquí en Colombia.

Y el balance, afortunadamente es muy positivo.

En los últimos dos años, Colombia fue excluida de las listas negras adonde habíamos pertenecido por muchísimos años, tanto en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, también de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, en Ginebra, de las listas negras de la OIT  y también de la del Departamento de Estado.

Y hoy permanecemos y vamos a permanecer por fuera de ellas.

La tendencia en materia de respeto por los derechos humanos es una tendencia muy positiva y así lo han reconocido interna y externamente.

Los avances, por ejemplo, en materia de respeto al derecho a la vida –que es uno de los derechos más importantes– a la libertad, a la integridad personal, son muy significativos:

Para darles algunas cifras, en los homicidios, la tasa de homicidios,  que tenemos hasta el momento, el día de hoy, es la más baja en 34 años. También se han reducido sustancialmente homicidios a periodistas, homicidios a sindicalistas.

Los secuestros también están en su nivel más bajo en muchas décadas. Se han venido reduciendo significativamente los desplazamientos, las desapariciones forzadas, el reclutamiento.

Y las cifras son públicas, nos las voy a repetir porque son públicas y cualquier persona, cualquier periodista, cualquier académico puede consultarlas para verificarlas.

Y lo que quiero reiterar este Día de los Derechos Humanos es que Colombia es una democracia, un país que cree en las libertades. En la libertad de opinión, en la libertad de culto, en la libertad de expresión, en el derecho inviolable a informar y ser informado.

En Colombia respetamos las leyes. Tenemos esa herencia santanderista.

Lo decía yo el día de ayer: Bolívar en una frase memorable “nos dio la independencia, nuestro libertador –nuestro libertador– y Santander nos dio la libertad”.

Porque las leyes, las leyes son la base de cualquier democracia; su respeto. Porque las leyes regulan las relaciones entre las personas y entre los países. Y su respeto es fundamental para que esa democracia sea viva, sea efectiva y también para respetar las diferencias.

Y en Colombia respetamos las diferencias: las internas y también las que tenemos con otros países, con nuestros vecinos.

Y así ha sido con Venezuela, a pesar de nuestras profundas diferencias en cuanto a modelo económico, en cuanto a nuestra política social, en cuanto a nuestro modelo político.

Venezuela ha puesto en marcha su llamada Revolución Bolivariana y la hemos respetado. No la compartimos. No creemos que sea el camino más adecuado para satisfacer las necesidades del pueblo. Pero la hemos respetado.

Nunca, bajo ningún escenario o circunstancia, la hemos atacado, ni mucho menos hemos participado en un complot para destruirla.

Yo no estoy destruyendo la Revolución Bolivariana. La Revolución Bolivariana se está autodestruyendo, se está destruyendo a sí misma por sus resultados. No por cuenta de los colombianos ni del Presidente de Colombia.

Y los problemas de Venezuela –lo repito una y otra vez– son hechos en Venezuela, no son hechos en Colombia.

El problema del desabastecimiento es un problema del modelo venezolano, no es un problema hecho en Colombia.

El problema de la tasa de cambio, que tienen una tasa de cambio oficial de 6 con 50, una tasa paralela de 700, semejante diferencia, no es responsabilidad de los colombianos ni de las casas de cambio en Cúcuta.

Es producto del modelo, de esa Revolución Bolivariana, que ha fracasado, que no ha funcionado. No es culpa de los colombianos.

El problema de la inflación de Venezuela, la inflación más alta del mundo, no es por cuenta de los colombianos.

De manera que en esto tenemos que estar muy claros.            

La nuestra es otra revolución, es otra clase de revolución. Una revolución que estamos adelantando para fortalecer nuestra democracia. Por una economía cada vez más sana, una economía cada vez más estable, que sea capaz de afrontar estas tormentas internacionales que estamos viviendo. Por una infraestructura competitiva, por una mejor educación, por la  construcción de un país en paz.

Y aquí tengo que ser muy sincero, en esto no tenemos sino palabras de agradecimiento con Venezuela porque nos ha ayudado en algo tan importante para Venezuela, para Colombia, para toda región y para el mundo, que es la construcción de paz en Colombia. En eso no hay ninguna discusión.

Estamos en una revolución para buscar más  equidad. Y estamos en una revolución para elevar  la calidad y el acceso de nuestra educación. Y eso se traduce en mayor bienestar y en mejor  calidad de vida para todos los colombianos. Y eso se está logrando.

Hace unos años –20 o 30, 40– muchos colombianos emigraron a Venezuela buscando un futuro mejor. El gobierno venezolano ahora está comparando la llegada de colombianos a Venezuela  con el éxodo de africanos a Europa.

Esto es absurdo. Qué argumento tan ridículo. Además es contraevidente.

En esa época hace 20, 30, 40  años, Venezuela era  un país mucho más rico que Colombia. Era un país tranquilo, era un país con oportunidades para todo el mundo, para extranjeros y para venezolanos. Y llegaron a Venezuela no solamente colombianos.

Allá hay comunidades muy grandes    de España, hay una comunidad muy grande italiana, hay una comunidad grandísima portuguesa. Me decía el Presidente de Portugal que la comunidad portuguesa es tal vez de las más grandes fuera de Portugal, en Venezuela. También de Brasil.

Pero Venezuela ya no es ese país. Por lo contrario, hoy son miles los venezolanos que vienen a Colombia en busca de trabajo, a hacer negocios, a estudiar.

Muchos de ellos huyen de la inseguridad. Comparen solamente los homicidios en Caracas y los homicidios en Bogotá, los homicidios en Venezuela y en Colombia. Allá están 82, 83 por cada cien mil habitantes; aquí estamos por debajo de 27.

Esta huyendo del alto costo de vida, de la escasez. ¿Y vienen aquí en busca de qué?  De libertad, de respeto a la individualidad, al derecho a ser y a pensar diferente, y el derecho a disentir.

Y les voy a dar unas cifras para demostrar lo absurdo que es esta acusación que ahora están haciendo.

‘Es que voy a enviar a las Naciones Unidas toda la información del éxodo de colombianos hacia Venezuela’...

¿Cuál éxodo?

Sí hay muchos colombianos en Venezuela. Hay 4, 5 millones de colombianos en Venezuela, que están allá hace mucho tiempo. No es que se estén yendo en este momento.

¿Y por qué no se están yendo?

Porque están viendo que Colombia está en muchas mejores condiciones que en Venezuela.

Y ahí están las cifras.       

Este año, acaban de publicar las cifras nuevas. Colombia va a crecer entre 3 o 3.5 por ciento; de los países que más va a crecer de toda América Latina. Venezuela va a decrecer 7 por ciento, un crecimiento negativo, como los cangrejos, de 7 por ciento.

Nosotros hemos tenido una de las políticas más exitosas en controlar la inflación. El año pasado tuvimos una de las inflaciones más bajas y esperamos que también este año sea de las más bajas de toda la región. Está alrededor de 4 por ciento, 4.5 por ciento. En Venezuela está sobre el 200 por ciento. De 4 a 200.

La inversión en Venezuela es ínfima. ¡Ínfima!

Aquí en Colombia siguen viniendo inversionistas para crear empleo, para crear prosperidad.

Ayer inauguré una fábrica de motocicletas, de la India. Que vinieron a producir en Colombia. ¿Por qué? Porque aquí es una economía sana, estable, con futuro, sólida.        

Mientras en Colombia hemos reducido la pobreza en 4.4 millones de personas. Y eso que la cifra aumenta mucho más si incluimos este año. 4.4 millones de personas se ha reducido la pobreza en Colombia.

Vayan  a ver en Venezuela, que ni siquiera hay cifras.  Y el desabastecimiento, que es que el pueblo no tiene los productos necesarios básicos, ese índice en Venezuela está ya por debajo de índice con países como Siria y Afganistán.

De manera que no nos vengan a echar la culpa a nosotros de los problemas en Venezuela. El gobierno venezolano no nos puede echar la culpa a los colombianos de sus problemas.

Y los venezolanos están viniendo y los hemos acogido con cariño, con los brazos abiertos.

Hace poquito le di la nacionalidad a una venezolana María Neves, una valiente emprendedora que hoy tiene un exitosísimo negocio de helados en Cartagena –tal vez es el negocio de los mejores helados de Colombia– producto de su trabajo.

Y como María hay muchos otros que están hoy con sus familias, en Bogotá, en Barranquilla, en Cali, en Bucaramanga, y aquí los recibimos como hermanos, como colombianos, porque por el pueblo venezolano no tenemos sino cariño, admiración, respeto.

Y todo esto no quiere decir que en Colombia no tengamos problemas; tenemos muchos problemas. Y en la frontera con Venezuela, y así lo hemos dicho, tenemos unos problemas muy serios de inseguridad, de contrabando, de mafias organizadas. Y los venimos enfrentando.

Hemos intensificado nuestros esfuerzos en la lucha contra el narcotráfico, contra la violencia y contra el crimen organizado, y los seguiremos intensificando.

Y con el propio gobierno venezolano en particular habíamos iniciado el año pasado un trabajo conjunto para combatir estos fenómenos que hacen tanto daño, tanto daño a venezolanos como a colombianos.

Pero insisto, esto no es un problema solo de Colombia.

En el crimen organizado y en el contrabando, a los dos lados de la frontera, están involucrados tanto venezolanos como colombianos.

Que el gobierno venezolano investigue quiénes son los que controlan el contrabando de allá para acá, quiénes son los que se lucran, quiénes son los que cobran peaje, quiénes son los que se quedan con las ganancias.

El narcotráfico. Sí, somos el primer país productor de cocaína en el mundo. Y estamos luchando y hemos luchado contra el narcotráfico y seguiremos luchando contra el narcotráfico.

Pero vayan y averigüen de dónde están saliendo los aviones cargados de droga, cómo son las trazas.

De manera que eso es lo que tenemos que trabajar juntos. Y estos problemas solo podremos combatirlos con la acción decidida de los dos estados.

Cerrar la frontera no es el camino para afrontarlos. Se lo digo por experiencia propia. Hemos tenido muchas experiencias que cuando los dos estados trabajan juntos para controlar la frontera, los delincuentes, las mafias son los perjudicados.

Cuando hay fronteras cerradas y los dos estados no colaboran, las mafias hacen su agosto, es el ambiente más propicio para que sus negocios ilícitos prosperen.

El cierre de la frontera con Venezuela no es culpa de Colombia. Y cada día es más claro que obedece a otros intereses.

En mi radar que utilizo en nuestras relaciones internacionales siempre me he movido dentro de unas coordenadas. Está la diplomacia y el diálogo. Y está la firmeza y la prudencia. Así está conformada nuestra política de relaciones exteriores, mi radar para resolver y administrar nuestras relaciones internacionales.

En ese radar no cabe el irrespeto. En ese radar no caben los inultos, no caben las payasadas ni las mentiras. Allí el radar no lo registra, ni responde a nada de eso.

Es dentro de este radar –diplomacia, dialogo, firmeza y prudencia– que he estado dispuesto y sigo dispuesto a resolver los problemas con Venezuela.

Siempre he tratado de que el lenguaje ofensivo no me provoque y en este episodio con Venezuela –óigase bien– tampoco me dejaré provocar.

Todo lo contrario, los retos hay que convertirlos –y ha sido mi norma de conducta–, los retos, los problemas hay que convertirlos en oportunidades. Y eso estamos haciendo.

Esta es una oportunidad para fortalecer nuestra zona fronteriza. Mi obligación es con mis compatriotas. Mis compatriotas son para mí la primera, la segunda y la tercera prioridad. Seguiremos buscando, con serenidad –pero con firmeza– que se les respeten sus derechos.

Que las familias puedan reunirse. Son 465 familias que nos han solicitado formalmente que las ayudemos a reencontrarse con quienes quedaron en Venezuela. Sus hijos, sus padres, sus hermanos.

Y que aquellos que dejaron sus bienes puedan recuperarlos.

Me acuerdo perfectamente, lo tengo grabado en mi corazón, una viejita de casi 80 años, que me decía: Presidente, dejé en mi mesa de noche mi rosario. Lo he tenido toda mi vida. Ayúdeme a recuperarlo, yo quiero morir con él.

Y hoy, que es el Día Nacional de los Derechos Humanos, quiero que vean algunas imágenes y algunos testimonios que recogimos en la frontera y que hablan por sí solos.

(Video)

Esto que ustedes acaban de ver es lo que no podemos permitir.

Y yo como Presidente de todos los colombianos no descansaré hasta que dejen de violar los derechos humanos de nuestros compatriotas.

Yo lo he dicho muchas veces, lo repito hoy: si cierran la frontera, pues es un acto soberano. Si deportan ilegales, es un acto soberano.

Pero lo que no pueden hacer es violar los derechos fundamentales, ni de venezolanos ni mucho menos de colombianos.

Que se les respete, por ejemplo, su debido proceso a los deportados. Que se les respete su derecho a reunirse con sus familias, a no ser golpeados ni maltratados.

Y no descansaremos hasta que el mundo entienda la gravedad de lo que está pasando en nuestra frontera.

La Canciller se reunió ya con el Alto Comisionado de los Derechos Humanos en la ONU, en Ginebra; con el Secretario General de las Naciones Unidas en Nueva York, y seguirá contándole al mundo lo que sucede en la frontera.

Y seguiremos en el Gobierno insistiendo en el camino del diálogo y en el camino de la diplomacia en que siempre hemos creído. Pero el dialogo debe ser serio, debe ser construido, debe ser sereno y debe ser, repito, respetuoso.

Ayer hablé con el Presidente de Uruguay. Le agradecí su disposición, su buena disposición para ayudar a solucionar este conflicto.

Pero me comentó que el Presidente Maduro no le ha pasado al teléfono desde la semana pasada. Como tampoco quiso pasarme a mí al inicio de este conflicto.

Cuando nosotros abrimos la puerta al dialogo, damos señales de querer solucionar este problema, la respuesta del Gobierno venezolano es cerrar aún más la frontera.

Las puertas, sin embargo, siguen abiertas. Eso sí, bajo la condición irrenunciable de que se respeten los derechos fundamentales, los derechos humanos de todos nuestros compatriotas.

Los colombianos sabemos superar situaciones difíciles. Y por eso todo mi esfuerzo y el del Gobierno está dedicado al fortalecimiento económico y social de los municipios fronterizos.

Así es como vamos a crear una nueva frontera. Que este problema se nos convierta en una oportunidad. Una frontera con una economía más sólida ojalá libre del contrabando, del narcotráfico, de las bandas criminales.

Le he pedido al Ministro de Hacienda, en el marco de la emergencia económica que hemos decretado para la zona fronteriza, que expida el decreto de exención del IVA para ciertos productos esenciales para el consumo en Cúcuta, en su área metropolitana, en Maicao.

Hoy estaremos firmando un decreto que va a permitir sacar por el Caribe el carbón que está represado y que pone en peligro más de 7 mil empleos.

Anoche instalamos en Paraguachón una mesa única de mando,  como la que tenemos en Cúcuta, para atender a nuestros compatriotas que regresen por esa zona.

Y quiero decirles a nuestros compatriotas wayuu, los guajiros, a los habitantes de Norte de Santander, del Cesar, de Arauca, de Vichada, Guainía, quiero decirles: no se dejen atraer por falsas promesas que sólo buscan réditos políticos.

Colombia es su país, Colombia es su patria. Aquí siempre han sido y serán bienvenidos.

Que no les pase lo mismo que a muchos de los deportados que hoy me están contando: ‘me prometieron y me dieron una cédula, me pusieron a votar. Y ahora me dicen dónde está su cédula. La muestro y me la rompen y me dicen váyase para Colombia’.

Y pueden estar seguros de que hoy, Día de los Derechos Humanos –y yo quiero además hacerle un reconocimiento al señor Defensor del Pueblo, usted ha hecho una labor extraordinaria en esa defensa de los derechos humanos y en esta situación con Venezuela; se lo agradezco–, hoy más que nunca estamos con ustedes compatriotas.

Y nos comprometemos a defenderlos, a protegerlos, a hacer respetar sus derechos donde quiera que sean violados, en nuestro suelo o fuera de él.

Muchas gracias.