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17/09/2015 14:25

Entrevista

"Cuando las personas entienden los derechos humanos en el día a día, se abren caminos de paz": Julieth Rivas Ríos

​Esta entrevista forma parte del proceso de promover la participación y visibilizar experiencias de construcción de paz de mujeres y organizaciones de mujeres como sujetos activos de derechos y protagonistas en el desarrollo, diseño e implementación de políticas públicas.

Bogotá D.C., 17 de septiembre

 

​Entrevista a Julieth Rivas Ríos, Presidenta de la Fundación para la Defensa de Derechos Humanos y Constitucionales de Colombia (FUDEHU), creada hace 10 años en Quindío y enfocada en el trabajo de defensa y promoción de los derechos humanos.

Consejería Presidencial DDHH: ¿En qué consiste el trabajo de la fundación?

Julieth Rivas: Estamos dedicados a la línea educativa. Educamos a la población infantil, juvenil y adulta en el conocimiento y aplicación de los derechos humanos a la vida diaria. Hacemos también defensa de los derechos humanos, pero nuestro fuerte es educar, porque creemos que cuando la persona sabe y tiene el conocimiento puede ejercerlos, puede hacerlos respetar y puede tener claro sus deberes.

CPDH: ¿Cómo se le enseña a la gente a vivir los derechos humanos en la vida cotidiana?

JR: Durante cinco años nos dedicamos a hacerlo a través de talleres y nos dimos cuenta de que perdíamos el dinero y el tiempo. Les hacíamos todo muy didáctico, muy lúdico pero la gente salía de la capacitación o de la sensibilización que se le hiciera, y prácticamente no aplicaban nada de lo aprendido.

De ahí fue que nació nuestro proyecto líder, el Parque Temático de los Derechos Humanos, para poder hacer que la gente sí aprenda y cuando esté en su vida normal, sepa qué es un derecho humano, qué es un deber humano. Además de este proyecto, también impulsamos el diplomado virtual en derechos humanos con énfasis empresarial.

El Parque de la Libertad es un parque temático móvil sobre los derechos humanos. En estos momentos está trabajando en Bosa, Tunjuelito, Fontibón.

CPDH: ¿En qué consiste el diplomado virtual? ¿Cómo está estructurado?

JR: Montamos la plataforma virtual, tenemos el aula y hacemos el diplomado virtual en derechos humanos con énfasis empresarial. Se les enseñan los derechos humanos a las personas en las empresas. Le digo a los empresarios, “yo quiero mejorar la convivencia laboral basada en los derechos humanos, hagámoslo de esta manera”, y lo hacemos de manera virtual.

CPDH: ¿Cómo ha sido la experiencia de educación en derechos humanos con las mujeres como constructoras de paz?

JR: La experiencia con las mujeres ha sido grande ya que estos proyectos que nacen en la fundación, nacen desde la iniciativa de nuestras contratistas, nacen de mí como fundadora, como abogada y docente. Son las docentes del parque, las docentes del diplomado y las mujeres asistentes, quienes dejan su huella y experiencia al entregar un conocimiento a otras personas que lo necesitan y con él, la semilla de paz en cada hogar. Aparte de ello, en el parque se han atendido mujeres gestantes y adolescentes que han entendido el valor de la vida, el derecho a la misma, el deber de respetarla.

La mujer ha tenido un papel fundamental en la fundación que represento. Nosotras tenemos la sensibilidad, tenemos la historia de ser mamás para poder tocar a las personas que estamos educando en este tema. Cuando las personas entienden los derechos humanos y que deben manejarlos en el día a día se abren caminos de paz.

CPDH: Aparte de la sensibilidad, ¿por qué piensas que el trabajo con las mujeres es diferente?

JR: Tengo muchas mujeres coordinando procesos por su responsabilidad y sentido de pertenencia.

CPDH: ¿Por qué considera que las mujeres son protagonistas en la construcción de paz?

JR: Yo creo que la mujer tiene un papel fundamental en la construcción de paz porque está llamada a cobijar y a ser protectora. En el postconflicto el papel que ella va a desarrollar va a ser fundamental, porque su capacidad de escucha y diálogo es alta; la capacidad de tolerancia también.

CPDH: En tu fundación ¿cuál ha sido la población a la que han impactado? ¿El proyecto de ustedes está apuntado a qué?

JR: Le apuntamos principalmente a mejorar la calidad de vida de los hijos de los vendedores ambulantes. Nosotros nos dedicamos a ayudar a los hijos de los vendedores ambulantes. Aunque algunos, tengan la posibilidad de estar formalmente organizados, no quieren hacerlo y les falta educación. Nosotros entramos ahí, a trabajar con esas familias, que por falta de educación no se formalizan dentro del comercio.

También trabajamos con esos otros que no tienen oportunidades y que se ganan la vida, el día a día. Ellos también están aportando al desarrollo del país. No son personas que están en la casa quejándose, están ejerciendo un derecho, el derecho al trabajo. De esa manera también están contribuyendo con su granito de arena al desarrollo del país. La fundación le apunta a eso, a las personas que trabajan, que luchan, que no están organizadas como debe ser, que les falta educación.

CPDH: ¿Cuáles creen que son las dificultades que encuentran las mujeres para propiciar espacios de construcción de paz?

JR: El primero es la politiquería, el segundo es el ego, y el tercero es la corrupción.

La tarea es ardua al tocar la puerta a los empresarios y muchos dicen “yo podría ayudar Julieth para que me hagan exención de impuestos pues está muy bonito”, pero ellos lo hacen es por ese incentivo. Si los todos los empresarios estuvieran capacitados en el tema, darían más de lo que dan. Esa es parte del trabajo.

En el sector público encontramos muchas dificultades, porque nos encontramos con funcionarios públicos que le dicen a uno “¿de qué partido político es usted? o ¿qué senador o representante a la cámara apoya?” Nosotros no es que seamos apolíticos pero no estamos pendientes de que un parlamentario nos apoye, entonces por lo tanto no estamos en ninguno.

Nos dicen “el proyecto es muy bonito y todo pero entonces no”. A veces vamos a donde otro funcionario y no tiene la capacidad de administrar el poder que tiene, entonces eso dificulta mucho el poder generar un espacio de paz.

Y el tercero, la corrupción, que si nos ha pasado mucho. Nos dicen “el proyecto es buenísimo, con eso sí podemos hacer paz, podemos sensibilizar, podemos educar, pero cuanto porcentaje me das a mí si yo te saco el proyecto de tal parte”. Entonces uno dice, estamos hablando de principios y valores, de honestidad, entonces tampoco, no se puede. 

CPDH: Cuéntanos una experiencia en donde hayas querido desistir del proyecto que tienes.

JR: La fundación arranca porque me di cuenta en el ejercicio del derecho que muchos derechos se violan por desconocimiento, entonces uno dice “vamos a ayudar. Si gané unos honorarios de tanto dinero, saquemos un 10, 15, 20% y ayudemos a estas personas  para hacerlo”.

Eso fue acrecentando, entonces decidí armar una fundación que tenga un presupuesto para poder ayudar a estas personas de verdad. Nace el Parque la Libertad y uno empieza a tocar las puertas para el apoyo. Yo me demoré dos años para probar ese proyecto. Con tanto tiempo y lamentablemente los primeros meses de tocar las puertas me pedían dinero a cambio.

Les decía a ellos “oiga, usted es alcalde de su municipio, usted quiere que estén educados en este tema tan importante, que de verdad les va a dar paz a las familias, felicidad, capacidad, tolerancia. Como va a pedir usted algo, sabiendo que con ese dinero yo puedo capacitar a más gente de su comunidad”. Muchas veces me dije “creo que esto fue una bobada; haber sacado este proyecto, y haberle invertido tanto tiempo a esto”. La gente no está viendo que uno puede vivir en paz, puede vivir feliz y que el funcionario público en el puesto que esté, simplemente debe ejecutar una tarea que se le ha encargado para que haga, que es servir.

CPDH: ¿Qué hizo que cambiara su decisión?

JR: Yo había tocado las puertas de las 32 gobernaciones de Colombia, unos 200 y pico de municipios y me quedé quieta como un mes y medio. No hice más trabajo de eso y me dediqué a las licitaciones que salen.

Cuando estaba en esas, me llamo una alcaldesa local de Bogotá (Usaquén). Ya habían pasado como cinco meses desde que había hablado con ella y me dice “Julieth se acuerda del proyecto del que usted me habló para poder educar, y usted me prometió que iba a dejar al menos, la mitad de los derechos humanos en el chip de los muchachos, ¿está vigente todavía? ¿Sí lo está haciendo?”. Le dije “el proyecto está ahí solo hay que retomarlo y hacerlo”, me dijo “bueno, véngase pues que lo vamos hacer”. Ese día yo dije, los milagros existen.

Cuando vi que ella, sin conocer la fundación, sin conocerme a mí, simplemente porque el proyecto es bueno dijo sí, entonces yo dije entonces sí se puede. Arrancamos con el proyecto, arrancamos con ella, y el proyecto se hizo. Gracias a que ella dijo que sí, otras alcaldesas dijeron “yo también lo hago”.

Ahí fue que se retomó. Pero hubo un tiempo en que yo dejé el proyecto y fue gracias a esa alcaldesa que volvió y se abrió.

CPDH: ¿Qué debilidades encuentra en los procesos de construcción de paz en Colombia, desde la educación en DDHH? ¿Y aspectos para fortalecer?

JR: Nosotros en territorio nos hemos encontrado con problemas educativos. Hay un problema de fondo y el fondo es la educación básica que se les da a los chicos. La comprensión y análisis de las realidades  en que ellos viven. Cuando vamos a la parte educativa, están en clases magistrales todavía. El muchacho no quiere, va obligado. Entonces no quiere estar en ese salón de clases.

Cuando vamos a enseñarle paz no tiene todavía en su cerebro la forma de adquirir ese conocimiento, de decir “analicemos, pensemos, ¿yo para dónde voy?”, porque al chico no le están enseñando a analizar ni a pensar. Entonces cuando vamos a crear esos espacios de paz, si uno no encuentra la mente abierta y dispuesta a aprender y a aplicar lo aprendido el proceso se hace más difícil.

Hay que hacer una restructuración, el gobierno debería de mirar qué docentes tienen vocación de verdad, si les gusta estar en un salón de clase, mirar a cada alumno y entenderlo, comprenderlo y ayudarlo a salir adelante, que aprenda a ser persona, que piense en la vida, y que analice y diga ¿para dónde voy? ¿Cómo puedo aportar a mejorar la convivencia? Si cada uno se apersona de eso y todos hacemos lo mismo, eso se vuelve paz. Si no tenemos un grupo de docentes y de padres de familia para cambiar la forma de educar, vamos a seguir ahí en ese círculo vicioso.

CPDH: ¿Qué le diría a usted a las mujeres para motivarlas a responsabilizarse y a comprometerse con procesos de construcción de paz como el suyo?

JR: Les diría que están llamadas a dialogar, tolerar, a agrupar y eso en conclusión es igual a un liderazgo con la capacidad de escuchar. Que tenemos unas capacidades altas de ejecución, poder de convocatoria. Aparte de que en Colombia existe machismo y discriminación, tienen que empoderarse, saber que todos tenemos unas capacidades para trabajar, para producir, para crear y que en la creación está todo.

CPDH: El llamado entonces es a que las mujeres se empoderen y lideren procesos en las comunidades en las que se encuentran, sin importar si el proceso o proyecto es muy grande o pequeño, pero a través de la cotidianidad, que lideren procesos y lideren a otras mujeres que las rodean

JR: No importa que sea grande o pequeño puede ser algo que únicamente mueva a 10 personas, ya está haciendo paz.

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Más información sobre el proyecto FUDEHU en http://www.fudehu.org/