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11/10/2016 10:00

¡Colombia, ni un paso atrás!

Columna de la Consejera Paula Gaviria, publicada en El Espectador el 11 de octubre de 2016.

Bogotá D.C., 11 de octubre de 2016

 
Cinco años de Ley de Víctimas y Restitución de Tierras dejaron un mensaje claro: las víctimas debían estar en el corazón del Acuerdo Final y así fue. Tras el resultado del plebiscito, los diálogos que se den en las próximas semanas también deberán contar con ellas. 
 
La vida política colombiana nos ha dejado en las últimas décadas ciclos de confrontación armada y varios intentos por acabar el horror y devolvernos la esperanza en nuestra capacidad para entendernos civilizadamente. Frente a la recurrencia de la guerra, parecían en vano los gritos que pedían muestras de humanidad.
 
Sin embargo, al menos tres factores me hacen guardar la esperanza de que pondremos fin a esos ciclos de violencia y dejaremos un país mejor a nuestros hijos:
 
El primero es la irrupción con fuerza de las legítimas y variadas voces de las víctimas del conflicto armado. El protagonismo que han adquirido en la reivindicación de sus derechos nunca había sido tan evidente como hoy. Hacerse cargo de su sufrimiento llevó al país a construir la política de reparación integral a víctimas más ambiciosa hasta ahora conocida en el mundo. Nadie se había enfrentado al desafío de atender los daños materiales, psicológicos y sociales ocasionados al 18% de su población. Mucho menos aún en medio del conflicto. Cinco años de Ley de Víctimas y Restitución de Tierras dejaron un mensaje claro: las víctimas debían estar en el corazón del Acuerdo Final y así fue. Tras el resultado del plebiscito, los diálogos que se den en las próximas semanas también deberán contar con ellas.  
 
El segundo elemento es el acompañamiento de la comunidad internacional. Es importante saber que no estamos solos, pero es que además nunca habíamos registrado semejante nivel de apoyo de organismos multilaterales y gobiernos. No solo expresaron un respaldo político fundamental al proceso de negociaciones, sino que ofrecieron soporte material y humano concreto para la puesta en marcha de lo acordado: en el desminado humanitario, en la reparación de las víctimas y muchos otros aspectos.
 
Tan significativo resulta el caso de Colombia para un mundo convulsionado por los conflictos sociales, el terrorismo y el cambio climático, que al Presidente Juan Manuel Santos y al país entero lo reconocieron con el Premio Nobel de Paz. Como dijo el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-moon, este galardón “llega en un momento crítico y es una inspiración para seguir adelante con el proceso de reconciliación, del que no hay vuelta atrás”. A la comunidad internacional, gracias por creer en nuestra capacidad de transformar la historia y soñar juntos con un país más justo y en paz.
 
El tercer factor es que la agenda de derechos humanos no se detiene: seguirán la búsqueda de los desaparecidos, la salida de menores de la guerra, la atención psicosocial a las comunidades; afianzaremos la educación basada en el respeto al otro; trabajaremos por el acceso a la tierra de los campesinos; y continuaremos defendiendo la participación en la vida pública de poblaciones tradicionalmente excluidas, como las mujeres.
 
La terminación del conflicto en Colombia demanda un compromiso renovado, incluyente y que involucre a todos los actores de la sociedad. El Presidente Juan Manuel Santos ha liderado con humildad, perseverancia y determinación un proceso de paz serio y concienzudo. Su visión nos ha devuelto la fe en que es posible un cambio y que la horrible noche pronto cesará. Bien lo dijo Malala, premiada con el Nobel de Paz 2014: “Hoy más que nunca necesitamos líderes valientes que se levanten ante el extremismo, nos den una visión de la paz y sigan trabajando hasta lograrla”.
 
Estoy convencida de que la sociedad civil no dejará pasar esta oportunidad. Así lo demostraron miles de ciudadanos que acudieron a las multitudinarias manifestaciones en favor de la terminación del conflicto en estos días. Esas marchas transmitieron un poderoso mensaje de reconciliación, de respaldo a las víctimas y a los defensores de derechos humanos. La paz nunca será la negación de la diferencia. La diversidad social, política, étnica y cultural nos suma y contribuye a la grandeza de esta Nación. 
 
El caso colombiano puede pasar a la historia por ser el conflicto armado que ha dejado el mayor número de víctimas oficialmente reconocidas, pero también por los esfuerzos en reconstrucción social, democracia y búsqueda de la paz. Dicen que las mejores sociedades se han construido a partir del conocimiento profundo de sus propias fragilidades. Por esta razón, ¡ni un paso atrás!