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05/05/2016 16:20

Entrevista

Colombia necesita empezar a entender qué es aprender a convivir para poder reconciliarnos: Rosa Emilia Salamanca

​Esta entrevista se realiza en el marco de las actividades consignadas en el documento CONPES 161, del 12 de marzo de 2013, sobre equidad de género para las mujeres.

Bogotá D.C., 5 de mayo de 2016

El día 31 de marzo de 2016, la Consejería Presidencia para los Derechos Humanos realizó una entrevista a Rosa Emilia Salamanca, lideresa y defensora comprometida con los derechos humanos.

En este diálogo, Rosa Emilia comparte los esfuerzos de la Corporación de Investigación y Acción Social y Económica (CIASE) para aportar a la construcción de paz desde la perspectiva de las mujeres. Se vislumbra la dedicación de este colectivo de mujeres en relación a la gestación de metodologías para el establecimiento de una paz duradera e incluyente en nuestro país.

Consejería Presidencial DDHH: ¿Quién es Rosa Emilia Salamanca?

Rosa Emilia Salamanca: En la actualidad hago parte de la Corporación CIASE, una plataforma social que viene impulsando un trabajo desde hace varios años en temas de paz y derechos humanos. Dentro de las acciones que realiza CIASE, me gustaría referirme específicamente al fortalecimiento de escenarios colectivos de construcción de paz y de implementación de distintas herramientas internacionales, como es el caso de la Resolución 13–25 y las Resoluciones conexas del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.

Teniendo como punto de referencia dicho escenario y un programa específico, de feminismos y construcción de paz, CIASE ha consolidado tres líneas de trabajo: 

Impulsar al  colectivo de mujeres 'Pensamiento y Acción, Mujeres Paz y Seguridad’ que surge de un grupo de mujeres diversas que vienen trabajando desde distintas perspectivas. Ese colectivo tiene la premisa fundamental de trabajar el marco de la construcción de paz con sus diferencias y no a pesar de estas. Este colectivo se encuentra integrado por cerca de 53 organizaciones y cuenta con la participación activa de unas 100 mujeres, en el orden local y nacional. 

En segundo lugar, se ha trabajado en el seguimiento al cumplimiento de la Resolución 1325,  a través de la Coalición 1325, en el que trabajamos junto con otras seis organizaciones, para impulsar un monitoreo anual a partir de los informes que sobre dicha resolución, se presentan en el ámbito de Naciones Unidas, para dar cuenta de los temas de participación, protección y prevención, en materia de Derechos Humanos de las Mujeres.

La tercera línea consiste en el fortalecimiento de la participación de las mujeres indígenas y las mujeres afro en los procesos de impacto del conflicto armado interno y también de múltiples violencias. Buscamos que la voz de las mujeres indígenas y afro sea oída con claridad en el país, con datos y cifras. 

Recientemente hicimos el primer informe de seguimiento de la Resolución 1325, y adaptamos los indicadores tanto a pueblos indígenas como a pueblos afro. De allí surge un interesantísimo proceso de construcción de las mujeres indígenas que se llama el Concejo Nacional de Mujeres Indígenas de Colombia (CONAMIC), que está fortaleciéndose, pero que busca tener voz propia para las mujeres indígenas.

 

CPDH: ¿Cuál ha sido el desarrollo metodológico para adelantar estas líneas?

RES: Por una parte unos diálogos locales y nacionales, en los que el enfoque es la generación de capacidades para la construcción de paz, desde actores diversos. Donde la capacidad de construcción de paz pasa porque el actor no solamente demande de los demás actitudes, aptitudes y acciones concretas, en relación a lo que son sus expectativas de construcción de paz, sino que el actor mismo se cuestione sobre cuáles son las capacidades que pone en juego para ese diálogo de construcción de paz con otras y otros que le son diferentes. 

De tal forma que esos diálogos de capacidades para la paz se nutren de las expectativas, las diversidades, las diferencias de opinión y también del reconocimiento sobre el tema de los acuerdos: lo que significa la pedagogía de los acuerdos como una oportunidad, no solamente de la implementación de los acuerdos, sino como una ventana de oportunidad para la construcción de paz en la sociedad colombiana.

En ese proceso se ha generado un diálogo particular con el sector de seguridad, el cual consiste en el establecimiento de una mesa técnica de discusión, avalada por una directiva del Ministerio de Defensa con el Colectivo de ‘Mujeres, Paz y Seguridad’, donde venimos discutiendo el tema. 

Este es un ejercicio absolutamente innovador en el país y fuera del mismo. Se trata de pensar en cómo podemos contribuir, desde estas discusiones y desde esta importantísima diversidad de mujeres, en interlocución con las mujeres de la fuerza pública, para lograr poner sobre la mesa algunas luces sobre una pregunta central que se hace el colectivo, y es: ¿Cómo podemos las mujeres constructoras de paz contribuir a un concepto de seguridad innovador que permita, en un postacuerdo, una renovación o la contribución a unas directrices de política pública en materia de seguridad, en contextos de altísima inseguridad y desconfianza? Es una discusión muy compleja porque eso implica quitarle la máscara al otro y decir el otro también es humano, lo cual implica poner sobre la mesa las diferencias de enfoque, políticas, en un ambiente que consideramos debe ser de discusión respetuosa y democrática. 

Por otra parte está la construcción de materiales paralelos en materia de pedagogías para la paz. En esta línea hemos desarrollado una serie de dibujos animados que se llaman ‘Amanda y la Salamandra’, consta de diez capítulos que hacen parte de un kit de trabajo con guías sobre lo que ha significado el impacto del conflicto sobre la vida de las mujeres, pero también la resiliencia y la opción de las mujeres por ser protagonistas políticas. Este es un ejercicio ¡muy bonito! que hace eco a la posibilidad de vernos desde la desgarradora realidad que ha pasado en el país y también desde la posibilidad de la reconstrucción ética que las mujeres proponemos al país, en la perspectiva de la construcción de paz. 

La última es la de crear capacidades para la paz, lo que ha permitido generar un trabajo con actores diversos hacia reflexiones como cuáles son las capacidades en materia de ciudadanía que cada individuo o persona debe desarrollar para poder vivir en un ambiente democrático y en paz. Cuáles y cómo son las condiciones para que la sociedad civil organizada genere capacidades de interlocución; cuáles son las capacidades que esperamos de una institucionalidad del Estado, para poder generar conversaciones de paz, y cuáles son los indicadores que implican los distintos actores de una economía dentro del país que permitan un ejercicio de economías para la paz.

Nosotros concebimos que sin esos cuatro componentes es muy difícil la construcción de un proceso de paz. 

Finalmente trabajamos en procesos para generar capacidades para la reconciliación, a partir de la absoluta necesidad de entender la reconciliación como un lugar de llegada y no como un lugar de partida. 

En este tema nos parece muy interesante la postura, que se tiene frente a los acuerdos y que está enunciada en los mismos. Colombia necesita empezar a entender qué es aprender a convivir para poder reconciliarnos. 

 

CPDH: Mencionaba antes unas diferencias y diversidad. ¿Quiénes hace parte de CIASE? 

RES: Participan mujeres indígenas, afro, campesinas, de la fuerza pública, excombatientes, periodistas, defensoras de derechos humanos, constructoras de paz, académicas, mujeres con cargos en el gobierno,   feministas, empresarias,las que vienen del sector LGBT, víctimas de trata de personas, víctimas de desplazamiento forzado. El escenario es realmente muy diverso.

 

CPDH: ¿Ustedes tienen un documento que plasme el esfuerzo de todas estas mujeres diversas por la construcción de una paz duradera y estable en nuestro país? 

RES: Nosotros tenemos un documento que se llama ‘El Pacto Ético por un País en Paz’. Este pacto ético, tiene y reconoce 16 caminos para la construcción de una paz sostenible y duradera; donde se reconoce que el actual camino de negociaciones es un recorrido vital para lograr un proceso transformador, no obstante, aún es insuficiente. 

El Pacto Ético tiene tres componentes claves, que son que todo colombiano y colombiana debe reflexionar sobre su propio ser y su propia mirada frente a los demás, la exclusión, la desaparición simbólica o real de la otra persona por diferencias; una segunda parte que son estos profundos cambios estructurales que deben hacerse para que la función institucional sea una real y no una que no cumple las expectativas de la ciudadanía; y una tercera parte que va más enfocada a la reconciliación, que tiene que ver con todo este proceso, lo que significa la verdad, la justicia y la reparación. 

 

CPDH: ¿Ha habido algún momento que les ha marcado a ustedes, que les muestre que vale la pena seguir trabajando en este tema?  

RES: En este momento hay un montón. El primer momento es cuando las primeras diez mujeres tan diversas decidimos hacer el Pacto Ético, ese es un momento que marca el colectivo. El Pacto Ético, por ejemplo, hoy tiene un respaldo de unas diez mil o doce mil firmas que nosotros queremos entregar como respaldo a las conversaciones de las FARC y el ELN. 

Hay otros cuatro escenarios más donde el Pacto Ético supone, de nuevo, dos hitos que vale la pena reseñar. El primero es que ese proceso fue casi hacer un proceso de paz entre nosotras, porque todas las mujeres que participaban habían sido tocadas por el conflicto de una u otra manera. Había mucho dolor, mucha pena. Pero demostramos que las mujeres podemos conversar y llegar a acuerdos de otra manera. 

Ese pacto es el resultado de un proceso de paz entre nosotras, donde se han dado momentos de negociación y de concertación.

Un segundo momento que nos ha marcado, muy fuertemente, ha sido la realización de la serie “Amanda y la Salamandra”, porque todos parten de casos reales, y de casos que han sido muy cercanos al colectivo.

Un tercer momento es la mesa de seguridad y el tema de seguridad, el cual es un tema muy difícil. Porque es un tema en el que nosotras tenemos sentimientos complejos. Y es que tú sabes que necesitas construir un país, pero también hay una serie de desconfianzas que hay que superar, para creer que es posible construir un concepto y un ejercicio de la seguridad diferente al que hay en el país. 

Y un último momento que nos ha marcado profundamente es la posibilidad, porque el Colectivo nace antes de las negociaciones, de elevar las voces de las mujeres desde otras miradas, con toda la dificultad que implica, pero con la conciencia de que las mujeres hablamos de otra manera cuando hablamos de paz.

 

CPDH: ¿Un momento en el que hayan decidido desistir? 

RES: Pues, a veces; uno se aburre porque no tiene recursos. Pero no hemos tenido conflictos importantes adentro. Por ejemplo, siendo tan distintas, no hemos tenido conflictos. Como es una red tan diversa, tiene que ser una red muy particular, no puede ser una red muy disciplinada. Sino que tiene que ser una red muy viva, que se mueve todo el tiempo, porque a veces estas pueden ir, estas no. 

Nosotras tenemos una rotación constante de voceras, porque de otra forma sería imposible. Nuestro sentimiento común es estar juntas. Ese es nuestro poder y desde ahí nos toca negociar, de tal forma que es una red de mujeres diversas y muy viva.

Más información sobre CIASE en http://ciase.org/

Más información sobre el Pacto Ético Por un País en Paz en http://pactoetico.org/