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​"La guerra nos pasó a todos": Marcela Granados

​Por Oswaldo Malo Jiménez, asesor Consejería Presidencial DDHH

Bogotá D.C., 30 de agosto de 2016

 
Marcela Granados habla contra el tiempo.
 
Es mediodía del 18 de agosto y en minutos debe irse con Constanza, ambas de ‘Otras Voces’, para continuar con su trabajo en procesos de reconstrucción de memoria, visibilización y búsqueda de las más de 45.000 víctimas de desaparición forzada en Colombia.
 
No es la primera vez, pero Marcela se prepara para narrar de nuevo su historia con respeto, con pausa, con rabia, con lágrimas. Con toda la humanidad, la esperanza y la dignidad con la que le es posible vestir cada palabra.
 
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"No sé por dónde empezar"
 
-El día de mis cumpleaños me quedé esperando la llamada de mi papá. Él estaba en la finca. El 11 de marzo sentí desespero de por qué no había llamado. Algo había pasado.  Tenía 15 años.
 
El 10 de marzo de 2002, ocho hombres de las autodefensas al mando de ‘Martín Llanos’ llegaron a la finca y se llevaron a don José Roselino Granados.
 
-Mi mamá fue amenazada. Le dijeron que si llegaba a denunciar, a decir algo, se devolvían y la quemaban viva. Le tocó salir del pueblo en un helicóptero del Ejército. Tenía miedo de viajar por tierra, de que la ‘cogieran’ por el camino. Desde ahí comenzó nuestra lucha, nuestro desespero y nuestra intranquilidad”.
 
Marcela salió desplazada de Chámeza, municipio de Casanare, a 302 km de Bogotá por la ruta que comunica al Distrito Capital con Tunja, Duitama, Sogamoso y Aquitania. En sus palabras, Chámeza, es un pueblo abandonado por el Estado. Desde que recuerda, siempre hubo guerra. Entraban unos, llegaban otros.
 
-Llegué a Bogotá. Estaba totalmente sola. Solo tenía a mi papá y a mi mamá. No tenía recursos, ni cómo sobrevivir. Empecé a trabajar y a estudiar.
Han pasado 13 años desde la desaparición de su papá, de 60 años. Van 15 años de la desaparición de sus tíos y primos. - Marcela llora, respira, continúa-.
 
-Me pregunto qué puede ser más duro que la desaparición de una persona. Llegar a la casa y no verlo (...) Qué puede ser más duro que sentarse en una silla a esperar a ver si llega.
 
Memoria es no dejar acabar su historia
 
-Es mantener viva quién era esa persona. Decirle a la sociedad que él sí existió, que sigue existiendo. Para mí es como si él estuviera vivo. Es una persona que vale igual que cualquiera de nosotros. Una persona que tiene una historia, que aún sigue en nuestra memoria.
 
En el reclamo de Marcela podría escucharse la queja de miles que padecen igual que ella: los desaparecidos no solo deberían ser importantes para los familiares, deberían serlo para toda la sociedad en su conjunto.
 
-Yo hubiera querido que mi papá hubiera podido defenderse. A mi papá le hacía falta la mano derecha (José Granados perdió una mano trabajando en un trapiche). Era un campesino que lo único que hacía era mantener su finca y vivir con su esposa. ¿Qué razones hay para que desaparezcan a una persona? Ellos siguen vivos en nuestras memorias. Ellos siguen vivos cada día que pasa.
 
Con el acuerdo no va a llegar la paz...
 
-En Colombia han pasado muchas cosas tenaces. Algunos no han vivido el conflicto y la guerra en carne propia. En años anteriores han comenzado otros diálogos que no han sido fructíferos y las personas ya no creen en nada.
 
-Antes no hubo participación directa de las víctimas en los acuerdos. En esta ocasión tuvimos espacio para decir 'esto es lo que necesitan las víctimas'. Aquí nos toca a todos, a las víctimas de la guerrilla, a las víctimas del Estado y de los paramilitares.
 
Marcela dice convencida que con la firma del acuerdo no va a llegar la paz. Que construir la paz requiere de mucho trabajo, de hacerlo poco a poco. Pero que si no se empieza por una persona, no será posible cambiar nada.
 
-Si no empezamos con darle una oportunidad a los grupos armados para que tengan otra vida, para que dejen la guerra, que dejen las armas, ¿por dónde empezamos?
 
De la violencia al diálogo
 
-Creo que la solución no es más violencia. La paz se construye desde uno, desde el interior. Uno comienza a construir paz siendo paciente, dándole la mano al que lo necesita. Dejando la agresividad a un lado, tratando a las personas con mucho respeto. Desde el cambio de uno como persona. Es ahí donde empezamos. Las armas no son la forma para solucionar los problemas, para vengarse o hacer justicia. La venganza nunca va a ser camino para nada.
 
Y es esa la razón por la cual se dedica a hacer lo que hace. Explica que es trabajar de otra manera, en lugar de fomentar los odios. Se trata de decirle a las personas que la solución de los conflictos se logra a través del diálogo.
 
¿El perdón?
 
-Para hablar de perdón, uno tiene que perdonar a alguien. Si me hablan de perdón, a ¿quién perdono? ¿Al Estado? ¿A los grupos paramilitares que estuvieron ahí? Nadie me ha pedido perdón. El perdón es necesario para reconciliarse. Para mí es mucho más difícil de lograr. En este caso, ¿a quién perdonamos? 
 
Pero Marcela insiste. Dice que ha podido seguir gracias al espíritu de su papá, a la fuerza de su mamá.
 
-Para que otros vean que la guerra nos pasó a todos. Que esto no nos puede volver a pasar.  ¿Por qué los colombianos nos hacemos daño de esta manera? Colombia es una familia.
 
 
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Qué significa para ud:
 
Paz
Existe un 20%
 
Reconciliación
En este momento no tengo con quién reconciliarme más que conmigo misma.
 
Guerra
Lo que destruyó mi vida.
 
Vida
Algo que nace y vuelve a renacer. La vida es la memoria de mi papá y de mis familiares.
 
Memoria
Es recordar día a día que ellos no desaparecieron.
 
Resiliencia
Todo esto hace que uno saque fuerza para transformarse. Es sacar fuerzas para seguir luchando.
 
Colombia
Significa la guerra que me ha traído mucha tristeza.