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23/05/2017 9:25

Las exhumaciones de Bojayá, un paso hacia el derecho a la verdad

​"Es un momento fundamental para nuestra comunidad", aseguró Leyner Palacios, uno de los líderes del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá.

Bogotá D.C., 23 de mayo de 2017

Foto: OACNUDH Colombia

Con un alabao en honor a sus ancestros, iniciaron tres mujeres de Bojayá la rueda de prensa en la que este domingo explicaron los avances del proceso de exhumaciones que busca recuperar los cuerpos de los familiares fallecidos en la masacre que vivieron el 2 de mayo de 2002 en esta comunidad del río Atrato, en Chocó.
 
“A muchos de nosotros nos tocó huir de la guerra, no solo con el dolor de haber perdido a nuestros familiares, amigos y parientes, sino también con el dolor de no haberlos podido sepultar dignamente. En ese ambiente, pocos se atrevieron a hacer una fosa común y tirar los cuerpos o los que consiguieron restos de sus familiares. A ellos los dejamos sin hacerles ritos acordes a su cultura”, explicó Leyner Palacios, líder del Comité por los Derechos de las Víctimas de Bojayá, quien aseguró que “esos ángeles, para nosotros, andan penando”.
 
De ahí, la relevancia de las exhumaciones que estos días se están llevando a cabo y que han permitido a la Fiscalía recuperar 55 cuerpos, que fueron trasladados este domingo a Medellín, donde Medicina Legal se encargará de la identificación. Según Carlos Eduardo Valdés, director del Instituto de Medicina Legal, “con el mayor cuidado y consideraciones iniciará el Instituto el estudio. Los tiempos no se pueden predecir porque apenas e van a recibir los cuerpos y porque ha pasado un tiempo y hay deterioro”. Se refiere así a las dificultades que supone, para la identificación los cuerpos, el impacto producido por las condiciones climáticas y las características de la tierra donde fueron enterrados. Según Carlos Villamil, director nacional especializado de Justicia Transicional de la Fiscalía General de la Nacional, se prevé recuperar 32 cuerpos más.
 
“Estas exhumaciones se han dado en un ambiente de mucho respeto, reconocimiento cultural y nuestras prácticas tradicionales”, manifestó Leyner Palacios. “Es un momento fundamental para nuestra comunidad, por estos trágicos hechos, y por eso venimos aquí a convocar la comprensión y solidaridad de todo el país”, agregó este sobreviviente del conflicto que perdió a una treintena de familiares en la masacre.
 
Según Paula Gaviria, Consejera Presidencial para los Derechos Humanos, los habitantes de Bojayá “fueron protagonistas involuntarios de una guerra que no querían; ahora son protagonistas de la paz”. Además, aseguró que el proceso de exhumación, identificación y entrega digna de familiares no es un último paso en Bojayá, puesto que siguen en desarrollo acciones en torno al proceso de reparación y es necesario apuntar a la recuperación de la dinámica económica y social de Bellavista. “El proceso de paz nos dio la oportunidad finalmente de ponernos al día para abordar la deuda histórica de los desaparecidos”, dijo Gaviria. “Como Estado, estamos aprendiendo a hacer las cosas bien y vamos a seguir al lado de Bojayá”.
 
Por su parte, Gonzalo Sánchez, director del Centro Nacional de Memoria Histórica, afirmó que Bojayá “ha gritado la paz en todos los escenarios en donde ha sido necesario gritarlo”. En cuanto a un reciente debate sobre el equilibrio entre los derechos a la información pública y a la intimidad de las víctimas, Sánchez aseguró que “la manera como manejemos hoy Bojayá va a ser en términos de pedagogía pública, de ejercicios de memoria, de producción de verdad, de gestión del duelo, un ejemplo muy importante”. Para el sociólogo, “Colombia es un país de muchísimas verdades aplazadas, de muchísimas verdades escondidas y de muchísimos duelos aplazados”.
 
Por último, Leyner Palacios quiso “reconocer públicamente la labor de coordinación de la oficina de la Alta Consejería Presidencial para los Derechos Humanos; el acompañamiento decidido de ONU Derechos Humanos y demás agencias del Sistema de Naciones Unidas; de Equitas, brindándonos el asesoramiento en estos asuntos forenses; el Centro Nacional de Memoria Histórica, fortaleciendo la cultura y documentando la memoria; el CICR, como observador neutral; la Uariv [Unidad para las Víctimas]; la Diócesis de Quibdó y nuestros sabedores tradicionales, que han realizado una labor de atención y acompañamiento psicosocial como nunca antes visto”.
 
Para Todd Howland, representante en Colombia del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos, “la paz está andando. Antes no era posible ver a tantas instituciones trabajando juntas”.