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I. GUERRILLAS Y
AUTODEFENSAS
Uno
de los rasgos sobresalientes en los últimos años respecto de
las organizaciones armadas al margen de la ley es el hecho
incontrovertible que las autodefensas tienen cada vez más
influencia en el conjunto de la región estudiada, mientras que
las FARC y el ELN la pierden.Esta situación contrasta
con la que se vivió entre
finales de los setenta y mediados de los ochenta,
años en los que el
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predominio
de las guerrillas era incuestionable al tiempo que la fuerza de las autodefensas se
circunscribía a algunos núcleos en el sur, principalmente en
Puerto Boyacá, Yacopí, Puerto Berrío y otros municipios
vecinos. Expresado en una forma muy gráfica y gruesa, se puede
decir que tradicionalmente la influencia de las FARC fue notoria
en el sur del Magdalena Medio (Cundinamarca, Boyacá, Santander
y Antioquia), la del ELN fue más fuerte en el norte (Sur del
Cesar y Sur de Bolívar), mientras que las dos agrupaciones
compartieron fuerza en el centro, especialmente en
Barrancabermeja y su entorno. (Ver mapas Nos. 2-3-4)
El
4º Frente de las FARC nació en el sur de la región, en los
límites de Boyacá, Cundinamarca, Santander y Antioquia, en la
segunda mitad de los años sesenta pero en la actualidad su
influencia en esta zona es prácticamente nula debido al avance
de las autodefensas (Mapa No. 2).
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Núcleo de
expansión de las Farc y el ELN
a mediados de los años sesenta
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Su expansión durante
los setenta fue muy lenta y su mayor crecimiento se produce
entre 1980 y 1983 cuando nacen los frentes 11, 12, 20 y 23 en
Santander, el 24 en el Sur de Bolívar, el 22 en Cundinamarca y el
9 en Antioquia; este último acabó compartiendo su influencia
con el 4 que se desplazó desde el sur de la región en
dirección al nordeste antioqueño. En la primera mitad de los
noventa nacieron el 37 en Bolívar y el 46 en los límites de
Santander y Bolívar (Mapa No. 3).
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Aunque en la
actualidad las FARC tienen una importante participación en los
cultivos de coca del sur de Bolívar3,
tradicionalmente su sustento económico estuvo basado en la
extorsión y el secuestro, principalmente en los departamentos
de Santander y Antioquia, así como en la extracción de
excedentes de la economía petrolera. En la actualidad su mayor
fuerza está concentrada en el denominado valle del río
Cimitarra en jurisdicción de los municipios de San Pablo,
Cantagallo y Yondó y es paradójicamente la organización
guerrillera que tiene mayores posibilidades de expansión habida
cuenta que el ELN, tradicionalmente muy fuerte en esta región,
está muy debilitado en la actualidad.
El ELN nació a
mediados de los años sesenta en el centro- norte de la región
estudiada en una zona que comprende parte de los departamentos
de Santander, Antioquia, el sur de Bolívar y el sur del Cesar (Ver
mapa No. 2).
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Presentación
histórica de las FARC desde mediados
de los ochentas
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Su crecimiento inicial fue muy lento, en parte
debido a la denominada operación Anorí ocurrida en 1973 en la
que sufrió un golpe muy duro por parte de las Fuerzas
Militares. No obstante mantuvo algunos núcleos y durante los
años ochenta y parte de los noventa registró una expansión
vertiginosa basada en la extorsión y el secuestro,
transfiriendo de esta manera excedentes de las economías
petrolera, agroindustrial y ganadera y con base en las rentas
obtenidas de la economía del oro en el sur de Bolívar y en
Antioquia4. De esta manera, entre 1983 y 1989, al Frente
Camilo Torres, que se
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expandió ante todo al departamento del
Cesar, se le sumó el José Solano Sepúlveda que se concentró
en el sur de Bolívar, el Capitán Parmenio en Santander, el
José Antonio Galán en Antioquia y la Regional Diego Cristóbal
Uribe en Barrancabermeja (Mapa No. 4)5. A los
anteriores hay que agregar el Carlos Alirio Buitrago que ha
incidido en municipios como San Carlos y Puerto Nare en el
departamento de Antioquia. En los años noventa los frentes del
ELN siguieron proliferando: nació el Manuel Gustavo Chacón en
el entorno de Barrancabermeja y con influencia en el Sur del
Cesar; el Fernando López Arroyabe en el Magdalena Medio
Antioqueño; el Héroes y Mártires de Santa Rosa, en el Sur de
Bolívar y Puerto Wilches; el frente urbano Resistencia
Yariguíes sobre todo en Barrancabermeja y Sabana de Torres; el
Alfredo Gómez Quiñónez en la Serranía de San Lucas. Se
conformaron adicionalmente otras estructuras:
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Presencia
histórica del ELN
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la denominada
Compañía Simón Bolívar, que en la actualidad hace parte del
frente José Solano Sepúlveda y que opera en el sur de Bolívar
y la Compañía Comuneros, adscrita al frente Capitán Parmenio,
con radio de acción en Santander. En la actualidad el ELN se
encuentra bastante debilitado pues ha perdido su influencia en
la mayoría de las zonas planas
y concentra sus hombres en la
serranía del Perijá en el margen derecho del sur del Cesar, en
la serranía de San Lucas en el sur de Bolívar, en
Barrancabermeja, a través de sus estructuras urbanas, en donde
perdió mucha influencia a finales de 2000 y principios de 2001,
y en algunos otros lugares de Santander y Antioquia, donde cada
vez es más débil. Es de destacar que en la actualidad está en
disposición de llevar a cabo un proceso de paz con el Gobierno
y que espera que se le conceda una zona de despeje en territorio
de los municipios de San Pablo y Cantagallo para llevar a cabo
la denominada "Convención Nacional" con la sociedad
civil.
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3 De acuerdo con la
información de la Policía Antinarcóticos, Cantagallo
cuenta con 2.408 hectáreas cultivadas, San Pablo con
2.069 y Simití con 1.924, además de algunos cultivos
menos significativos en Morales y Santa Rosa. Según la
misma fuente, en total el Sur de Bolívar suma 6.500
hectáreas.

4 La producción de
oro en el sur de Bolívar fue importante desde la segunda
mitad de los años ochenta pero se incrementó
notablemente a partir de l990; si bien desde 1997 registra
una disminución sus niveles se mantienen por encima de la
producción registrada entre 1984 y 1989. Los municipios
que más contribuyen con la producción de oro son Río
Viejo, Barranco de Loba, San Martín de Loba, Achí,
Pinillos, San Pablo y Santa Rosa del Sur. Ver Minercol.
"Visión y acción de Minercol en el Sur de
Bolívar". Mimeo, sin ciudad ni año, p. 4.

5 La regional Diego
Cristóbal Uribe tiene también presencia en Bucaramanga,
Piedecuesta, Floridablanca, Ocaña y Cúcuta que no hacen
parte de la región estudiada. |
La actividad armada del ELN fue
mucho mayor que la de las FARC en los últimos diez años6. De un
total de 1.896 acciones registradas a nombre de las guerrillas entre 1990 y
mediados del 2000 en el conjunto de la región estudiada, el 63.4% (1.273)
correspondieron al ELN, el 24.8% (470) a las FARC y el 12% restante a otras
organizaciones (Gráfico No. 1). Las acciones del conjunto de las
guerrillas tienden a la baja: en el caso del ELN pasaron de 608 entre 1990 –
1994 a 514 en el período 1995 – 1999 mientras en el caso de las FARC se
bajó de 267 a 164 en los mismos años(Gráficos Nos. 2 y 3).
GRAFICO No. 1
PARTICIPACION
PORCENTUAL DE LAS ACCIONES
DE LAS GUERRILLAS ENTRE 1990 Y 2000
Fuente: Oficina
del Alto Comisonado para la Paz

Procesado: Observatorio del Programa Presidencial para los Derechos
Humanos y DIH, Vicepresidencia de la República |
GRAFICO No. 2 ACCIONES
ARMADAS DEL ELN Y RESPUESTA DE LA FUERZA PUBLICA

*Datos a junio
de 2000
Fuente: Oficina
del Alto Comisonado para la Paz

Procesado: Observatorio del Programa Presidencial para los Derechos
Humanos y DIH, Vicepresidencia de la República |
Se estudió con profundidad el
comportamiento de las guerrillas en los diez años considerados y se
elaboraron múltiples cuadros y gráficos que por espacio no se reproducen. En
una forma resumida se puede decir que el 40% de las acciones del ELN (506 de
1.273) estuvieron orientadas a la destrucción de infraestructura, el
18.1% fueron ataques a la Fuerza Pública (218 de 1.273), el 34.3%
fueron contactos armados por iniciativa de la Fuerza Pública (418 de
1.273) y el resto tuvieron como propósito objetivos económicos (Gráfico
No. 2). En cuanto a las primeras (destrucción de infraestructura)
fue afectada esencialmente la infraestructura energética, sobre todo el
oleoducto, pero también los gasoductos y poliductos que atraviesan la
región, principalmente en Barrancabermeja, Aguachica, La Gloria, Pelaya,
Pailitas y Curumaní, en el departamento del Cesar; los atentados contra las
torres de energía han tenido ocurrencia sobre todo en Antioquia y en
Barrancabermeja; la quema de vehículos, entre los que sobresalen tractomulas
y buses, es muy común a lo largo de la Troncal de la Paz y en otras
carreteras de Antioquia, Santander y Cesar en municipios como Puerto Triunfo,
Barrancabermeja, Aguachica, San Alberto, Pelaya, Pailitas y La Gloria.
Los ataques del ELN contra
la Fuerza Pública no fueron de gran contundencia y fueron más frecuentes
en la primera mitad de la década que en la segunda (Gráfico No. 2).
Se destacan sobre todo los hostigamientos y pequeños ataques a instalaciones
militares y de la policía que se concentraron principalmente en Santander, en
especial en Barrancabermeja, pero también tuvieron algún peso en el Sur de
Bolívar, en el Magdalena Medio antioqueño y en el sur del Cesar. Las
emboscadas no son despreciables numéricamente, pero de poca contundencia:
sobresale de nuevo Barrancabermeja (18 oportunidades), Curumaní (6), San
Pablo (4), Aguachica (4) y Sabana de Torres (3), entre los casos más
notables. Hubo algunas tomas a poblaciones pero cada vez son menos frecuentes
en la región: sobresalen Pinillos (1990 y 1999), San Martín de Loba (1991 y
1998), Achí (1995), Barranco de Loba (1990).
Se produjo una alta
concentración de contactos armados en Santander (33% del total de los
del ELN) principalmente en Barrancabermeja y San Vicente; Bolívar (24%) sobre
todo en San Pablo, Morales, Achí, Río Viejo, Pinillos y Simití; Cesar (23%)
en Aguachica, San Alberto, San Martín, La Gloria, Pailitas y Pelaya. En la
región se han registrado intensos operativos militares contra el ELN y hay
que destacar los ocurridos en el sur de Bolívar.
En el caso de las
FARC, con menos acciones que el ELN, la situación es diferente.
Del total de 470 acciones pesaron más los ataques a la Fuerza
Pública (23.1%) que las acciones de destrucción de
infraestructura (16.8%); adicionalmente hay que destacar que
los contactos armados por iniciativa de la Fuerza Pública
participaron en más de la mitad (55.1%) a lo que hay que
agregarle la intensidad de algunos operativos militares en Yondó
y el Sur de Bolívar (Gráfico No. 3). En su conjunto las
zonas más afectadas en
términos cuantitativos fueron el Magdalena Medio santandereano
(37.9%), el Magdalena Medio antioqueño (31.7%) y el sur de
Bolívar (17.2%).
Las FARC llevaron a cabo 109 ataques
a la Fuerza Pública en algo más de diez años y si bien pesan más que las
acciones terroristas, no se caracterizaron por adquirir las dimensiones
que han tenido en otras zonas del país como por ejemplo en el Putumayo,
Guaviare o el Urabá, y fueron más abundantes en la primera parte de la
década que en la segunda (Gráfico No. 3). Se produjeron más o menos
en forma dispersa en municipios de Santander, Antioquia, Cesar y Bolívar,
zonas en las que tradicionalmente el ELN ha tenido mayor influencia. Hubo
algunos hostigamientos y emboscadas sobre todo en Barrancabermeja y en algunos
municipios de Santander y Antioquia.
GRAFICO NOo. 3 ACCIONES
ARMADAS DE LAS FARC Y RESPUESTA DE LA FUERZA PUBLICA

*Datos a junio
de 2000
Fuente: Oficina
del Alto Comisonado para la Paz

Procesado: Observatorio del Programa Presidencial para los Derechos
Humanos y DIH, Vicepresidencia de la República |
GRAFICO No. 3A. TOTAL
ACCIONES ARMADAS EN EL MAGDALENA MEDIO SEGUN AUTOR

Fuente: Oficina
del Alto Comisonado para la Paz

Procesado: Observatorio del Programa Presidencial para los Derechos
Humanos y DIH, Vicepresidencia de la República |
GRAFICO No. 4 SECUESTROS DE
LAS GUERRILAS
EN EL MAGDALENA MEDIO ENTRE 1992 Y 2000

Fuente:
Policia Nacional

Procesado: Observatorio del Programa Presidencial para los Derechos
Humanos y DIH, Vicepresidencia de la República |
Los secuestros son, como ya
vimos, una de las principales bases financieras que permitieron la expansión
de los frentes del ELN y las FARC y por ello conviene mirarlos en detalle. No
obstante hay que señalar que el análisis de las series construidas presenta
dificultades por los cambios en la naturaleza de los hechos. En el pasado eran
generalmente secuestros extorsivos individualizados, pero desde 1996 y sobre
todo desde 1997, se introduce la modalidad de los secuestros masivos por lo
que en el pasado reciente las cifras son mucho más elevadas. Según la serie
de la Policía entre enero 1992 y el 2000 se tiene que de un total de 1.669
secuestros registrados, 1.048 fueron atribuidos a las guerrillas (62.8%).
Analizando solamente estos últimos, se tiene que entre 1992 y 1996 se
registró una tendencia a la baja pues pasaron de 88 en 1992 a 42 en 1995 y
desde 1996 se tiende al alza hasta llegar al pico de 243 en 1997 y de nuevo
tienden a la baja pues en 1998 fueron 221, en 1999 135, y vuelven a subir en
los primeros seis meses de 2000 (138) (Ver Gráfico No. 4). El
ELN ha sido el grupo más activo pues de los 1.048 secuestros de las
guerrillas entre 1992 y el 2000 le han sido adjudicados 784 que representan el
74.8%; las FARC, de su lado, cometieron 205 que significaron el 19.6% y el
resto fueron atribuidos al ERP y al EPL. Hasta 1996, cuando predominaba la
modalidad del secuestro extorsivo individualizado, la mayor cantidad de
secuestros se concentró en el sur del Cesar y el Magdalena Medio
santandereano; a partir de 1997, con el auge de los secuestros masivos, a las
dos anteriores se le sumaron el sur de Bolívar, región en la que el ELN
concentró a los secuestrados del avión de Avianca, y el Magdalena Medio
antioqueño.
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En cuanto a
los grupos de autodefensa, su surgimiento coincide con el nacimiento
de las FARC en el sur de la región a mediados de los años sesenta,
en algunos municipios que se especifican más adelante. Al principio
su expansión fue lenta y estuvo basada en relaciones de colaboración
entre la sociedad y el Ejército, amparada en un artículo contenido
en la Ley de Defensa Nacional. Si bien es cierto que en el curso de
los últimos veinte años las autodefensas han actuado en mayor o
menor grado en el conjunto de la región, es factible destacar, desde
finales de los setenta, diferentes fases o períodos en los que han
golpeado con especial fuerza en zonas específicas (Ver
Mapa No. 5). En la primera fase, que se prolonga hasta
la primera mitad de los ochenta, las estructuras que se habían creado
en Yacopí, Puerto Boyacá, Puerto Berrío y Cimitarra, en los
departamentos de Cundinamarca, Boyacá, Antioquia y Santander,
adquieren un carácter realmente ofensivo con el apoyo de
narcotraficantes y esmeralderos que compraron haciendas y enormes
extensiones de tierras con vocación ganadera y agrícola. En la segunda |
Intensidad
de la presión de las autodefensas
según períodos
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fase, desde la
segunda mitad de los ochenta hasta la primera mitad de los noventa,
las autodefensas golpearon en buena parte del centro y el norte de la
región, pero lo hicieron con especial fuerza en municipios de
Antioquia y Santander, especialmente en San Vicente y el Carmen. En la tercera y actual fase,
desde la segunda mitad de los noventa, han venido golpeando ante todo
en el sur del Cesar, el sur de Bolívar, Puerto Wilches y Sabana de
Torres en Santander y Yondó en Antioquia7.
Barrancabermeja es caso aparte. En su calidad de principal puerto
sobre el Magdalena y eje del complejo de la industria petrolera
más importante del país, tiene una enorme tradición sindical, con una marcada
influencia de la izquierda, circunstancias que la hacen una ciudad
muy politizada y conflictiva. A lo anterior hay que agregarle el
hecho que alberga migrantes de la época de la violencia de los
años cuarenta y cincuenta así como desplazados de los conflictos
de los últimos veinte años. Desde finales de los setenta
Barrancabermeja ha recibido la influencia de los conflictos de su
entorno y es por ello útil notar que los círculos que se
representan en el mapa anexo convergen casi todos en el puerto petrolero (Mapas Nos. 5 y 6). |
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Lo
anterior explica que constantemente, durante las últimas dos
décadas, este municipio haya sido afectado por el accionar de
guerrillas y autodefensas y registre elevados niveles de
asesinatos, desaparecidos y otras modalidades de violaciones de
los derechos humanos. De especial significación fue la arremetida
de las autodefensas en diciembre de 2000 y el primer trimestre de
2001, lo cual le restó influencia importante a la guerrilla.
Históricamente las
estructuras de autodefensas no han estado unificadas alrededor de
un mando en el Magdalena Medio y aún en la actualidad las
Autodefensas Unidas de Córdoba y Urabá, ACCU, están lejos de
controlar la variedad de organizaciones existentes. Es bien cierto
que en buena parte de los años ochenta su expansión y fortalecimiento en el sur de la
región se explican por el respaldo de los narcotraficantes más reconocidos
en ese entonces en el país, pero con la muerte de Gonzalo Rodríguez Gacha, y
Pablo Escobar, a finales de los ochenta y principios de los |
Presión de las autodefensas hacia el sur de Bolívar y
Barrancabermeja
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noventa, se
produjeron fisuras y enfrentamientos internos8. Hacia mediados de
los años noventa se definieron nuevos mandos y se constituyó una gran
variedad de estructuras atomizadas que aún hoy mantienen vínculos con el
narcotráfico y que ejercen control sobre áreas muy específicas. En el
noroccidente de Cundinamarca tiene influencia la estructura liderada por alias
"El Águila"; en Puerto Boyacá predomina una organización
comandada por alias "Votalón"; en el suroriente antioqueño está
la organización dirigida por Ramón Isaza; hay otras agrupaciones en el área
de Cimitarra y Puerto Parra, en el departamento de Santander. En San Vicente y El Carmen de
Chucurí, en el departamento de Santander, a diferencia de las anteriores, la
memoria local atribuye los orígenes de las autodefensas a un proceso de
colaboración entre sociedad y Ejército que tuvo lugar desde 1981 bajo el
mando de Isidro Carreño en San Juan Bosco la Verde, una vereda ubicada entre
Santa Helena y Simacota, en el departamento de Santander. Si bien no se
excluye que su fortalecimiento entre finales de los ochenta y mediados de los
noventa esté relacionado con el narcotráfico, lo cierto es que no estuvieron
ni bajo el mando de Rodríguez Gacha y Escobar en los ochenta ni tampoco bajo
las órdenes de la estructura de Carlos Castaño en los noventa, y siempre
guardaron una autonomía respecto de las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC.
En el sur del Cesar son muchas
las estructuras que han actuado desde finales de los ochenta y entre ellas se
pueden destacar las organizaciones bajo el mando de los hermanos Prada y de
alias Chepe Herrera; también se puede citar el caso de las autodefensas que
se establecieron en terrenos de la Hacienda Bellacruz, en los municipios de
Pelaya, La Gloria y Tamalameque en el departamento del Cesar. En los noventa
operaron las denominadas Autodefensas Campesinas de Santander y el Sur del
Cesar, AUSAC, y las denominadas Autodefensas del Sur de Bolívar, para no
citar sino dos ejemplos en lo que se refiere al norte de la región estudiada.
Las autodefensas no sólo han
sido muchas y muy variadas sino que frecuentemente se han registrado luchas
entre ellas así como purgas internas, asociadas en no pocas ocasiones a
problemas entre narcotraficantes. No hay que olvidar que hacia finales de los
años ochenta uno de los líderes políticos más connotados de Puerto Boyacá
y de las autodefensas de ese entonces, Pablo Guarín, fue asesinado por orden
del narcotráfico. Años después Henry Pérez y sus hermanos, otros
importantes dirigentes de las autodefensas de Puerto Boyacá, fueron también
asesinados por orden de Pablo Escobar; más tarde Ariel Otero también corrió
con la misma suerte pocos días después de haberse desmovilizado y de haber
realizado una entrega simbólica de armas. Más recientemente, si bien las
estructuras que operan en el sur de la región se han presentado articuladas
alrededor de las AUC, no es menos cierto que no son pocos los incidentes en
que Castaño se ha mostrado contrario a las actuaciones de estas
organizaciones locales. Entre los casos más notables están las discrepancias
con "El Águila" en Cundinamarca por la existencia de laboratorios
de coca en Yacopí; con Ramón Isaza en Antioquia por algunas extorsiones en
1997; y con "Votalón" en Puerto Boyacá, por hechos asociados al
asesinato de unos miembros de la policía que investigaban el robo de gasolina
en Boyacá y Santander en octubre de 1998.
El caso más ilustrativo en el
pasado reciente es el asesinato de Camilo Morantes, líder de las AUSAC,
organización que ha operado en Santander y el sur del Cesar. Al respecto es
interesante anotar que meses antes Carlos Castaño había manifestado
enfáticamente su desacuerdo con los hechos protagonizados por esta estructura
bajo el mando de Morantes en Barrancabermeja en mayo de 1998. En esa ocasión
alrededor de veinte personas fueron ejecutadas días después de haber perdido
su libertad, en circunstancias en que la opinión nacional y voceros de la
comunidad internacional presionaban su devolución.
Si bien es cierto que en la
actualidad las ACCU incursionan con especial fuerza en el sur de Bolívar,
también hay que tener en cuenta que muy variados narcotraficantes de
diferentes regiones están detrás de los movimientos de algunas autodefensas
locales que operan en esa zona. Una cosa es que Carlos Castaño sea la figura
más visible que estaría detrás de los avances de las autodefensas en esta
zona, muy posiblemente porque ha sido el más promocionado por los medios.
Otra diferente es la variedad de intereses que están involucrados en lo que
ocurre en esa vasta región.
El modus operandi de las
autodefensas es muy variado y ha sufrido modificaciones en el período
reciente. Un procedimiento, característico desde finales de los
setenta, ha sido el de amenazar y eliminar a los supuestos apoyos civiles de
las guerrillas y asociado a esto hay una interminable cantidad de asesinatos
selectivos, masacres, desapariciones y torturas a las que nos referiremos en
detalle cuando profundicemos en las regiones. Un segundo procedimiento,
vigente desde los mismos años, ha sido el de asesinar, amenazar y expulsar a
los Alcaldes, Concejales y Dirigentes Políticos, y sustituirlos por figuras
impuestas o manejadas por ellas; esta modalidad ha sido característica en
municipios en los que la izquierda legal controló muchas estructuras de poder
local en los últimos veintidos años. En efecto, el Partido Comunista
controló muchos escaños de los Concejos Municipales de Yacopí, Puerto
Berrío, Puerto Boyacá y Cimitarra a finales de los setenta y principios de
los ochenta; la UP, más adelante, controló Alcaldías o muchos escaños en
los Concejos de Puerto Parra, Sabana de Torres, San Vicente, El Carmen,
Barrancabermeja, Yondó y San Pablo, entre otros; movimientos no tradicionales
tuvieron influencia en municipios como Aguachica y San Alberto en el Cesar y
en otros municipios del sur de Bolívar, y sus dirigentes y representantes
más connotados se convirtieron en las víctimas de las autodefensas en los
últimos años. Una tercera práctica ha consistido en asesinar y
eliminar Dirigentes Sindicales, Sociales y Populares y esta modalidad fue tan
común en los años ochenta como en los noventa.
Aunque en el pasado reciente la
modalidad de asesinar y expulsar supuestos apoyos civiles de las guerrillas y
Dirigentes Políticos y Populares ha sufrido un incremento notable, a esto se
le añade un elemento novedoso que es el de la confrontación militar abierta
con los frentes de las guerrillas, sobre todo en el sur de Bolívar. Si bien
los registros oficiales y de las ONG son muy deficientes al respecto, se ha
logrado establecer que desde 1997 se han presentado intensos combates entre
autodefensas y frentes del ELN, las FARC o el ERP en Pinillos, Achí, Morales,
Santa Rosa, Simití, Monte Cristo, Tiquisio, Arenal, San Pablo, Cantagallo y
Yondó, entre los principales. Al respecto no sobra destacar que las
autodefensas intentaron en julio de 2000 ocupar uno de los campamentos
"madre" del ELN en el sur de Bolívar, produciéndose importantes
enfrentamientos. Este intento originó el apoyo de frentes de las FARC que en
respuesta buscaron a su vez penetrar los anillos de seguridad de la
retaguardia de Castaño en el departamento de Córdoba.
Uno de los propósitos que
siempre han perseguido las autodefensas al asesinar y expulsar civiles de
determinadas zonas, es el de desarticular las redes de apoyo que le han
permitido a la guerrilla llevar a cabo los secuestros y extorsiones en las
zonas planas, generalmente donde tienen lugar las economías más dinámicas,
y por ello han venido consolidando primero zonas muy precisas de Santander,
Antioquia y el sur del Cesar. Igualmente han buscado en los últimos veinte
años neutralizar la capacidad de las guerrillas para desviar recursos de los
municipios, por lo que han dirigido también sus operaciones hacia el control
de las estructuras de poder local.
Con esta estrategia las
autodefensas buscan disminuir la capacidad financiera, limitar las operaciones
logísticas y reducir las bases de apoyo de la guerrilla, para debilitar su
capacidad militar. Este propósito se ha intensificado notablemente en el
pasado reciente y es por ello que han emprendido una ofensiva sin precedentes
en el sur de Bolívar, mezclando los asesinatos de civiles y líderes con las
confrontaciones militares abiertas, para apoderarse de las economías de la
coca y el oro, así como de corredores estratégicos para el abastecimiento de
alimentos, armas y material de intendencia, condiciones que permitieron a las
FARC y el ELN tener un crecimiento sin precedentes en los noventa. Un
escenario que ilustra muy bien esta estrategia es la situación actual del ELN
en la zona. Éste se encuentra debilitado y prácticamente acordonado por las
autodefensas, en las zonas más altas de la Serranía de San Lucas, así como
en la serranía del Perijá. Sus lazos con las zonas planas son prácticamente
inexistentes, lo que explica en parte el incremento de los secuestros masivos
en las vías que bordean la serranía del Perijá en Cesar y Norte de
Santander9.
Las autodefensas
han copiado los métodos de financiación de las guerrillas y
hoy se nutren por igual de las economías legal e ilegal. No
sólo piden la contribución de comerciantes, ganaderos,
agricultores y empresarios, a los que les hacen viables sus
explotaciones garantizándoles su seguridad, sino que echan mano
de las economías del oro y de la coca. En la actualidad ya
controlan una parte importante de los cultivos del sur de
Bolívar y tienen el apoyo de una gran variedad de
narcotraficantes que explotan el negocio en la zona. Buscan
adicionalmente apropiarse de las ventajas que les proporciona el
control de las explotaciones de oro en la serranía de San
Lucas, último refugio del ELN en el sur de Bolívar, y
facilitar el lavado de dinero proveniente de la economía
ilegal. Igualmente se ha establecido la relación de estructuras
de las autodefensas con el denominado "cartel" de la
gasolina que se aprovecha de la infraestructura petrolera y de
los ductos que comunican las refinerías con los centros de
distribución. Es de muy vieja data la relación entre
autodefensas y compras de propiedades por narcotraficantes así
como su influencia en el desarrollo de la ganadería.
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La periodización se estableció después de hacer un estudio en el
que se consultaron muy variadas fuentes. Se investigaron estudios
regionales, archivos de la Vicepresidencia y bases de datos entre las
que sobresalen las del CINEP & Justicia y Paz y la Oficina del
Alto Comisionado para la Paz. Se elaboraron unas cronologías
detalladas que por espacio no se reproducen. Entre las obras
consultadas fueron de especial utilidad los estudios de Carlos Medina,
Mauricio Romero y Fernando Cubides, entre otros.

8 Hay que recordar en esos años
las actuaciones del denominado Muerte a Secuestradores, MAS, y
también de los llamados "Macetos".

9 Durante el primer mes y medio de
2001 se han producido 21 retenes que suman más de 70 secuestrados, es
decir que se presenta un reten día de por medio. La zona del Cesar es
la más azotada con 13 retenes y más de 60 secuestrados en los
últimos dos meses, especialmente en la carretera oriental que
comunica a la Costa Atlántica con el interior, en especial la vía
San Alberto- Bosconia–El Copey. (El Tiempo, febrero 11 de
2001, págs. 1-6).
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